Soñando con bebés

El sueño que he tenido es digno de una película de Guillermo del Toro por su estética gótica y preciosista.

Ultimamente sueño mucho con amigas. Algunas veces son amigas que lo fueron una vez pero la relación se truncó, o por la distancia o por la toxicidad de la misma. Sin embargo el sueño no solo atenúa lo que fue una relación difícil sino que la exalta y la edulcora y acabamos siendo las mejores amigas, y siento una plenitud parecida a la que se experimenta al llegar a casa, o parecida a ese apego con los padres de la primera infancia.

En este sueño que he tenido hoy pasaban muchas cosas. Se iban sucediendo una detrás de otra sin solución de continuidad pero todas eran placenteras. En una de las imágenes veía a mi amiga Raquel de Suiza, a la que conozco desde los 12 años y que está embarazada y a punto de dar a luz. Desde que eliminé mi cuenta de WhatssApp he tenido menos relación con ella. En Nochevieja le escribí desde el móvil de Novio y me hizo mucha ilusión. Pero al final nunca hablamos por Skype como yo pretendía.

He soñado muchas de veces con ella, en Suiza o en Oropesa, donde nos conocimos. Ir a su casa siempre ha sido reconfortante por lo cálida que es toda su familia. Los sueños en Oropesa también son igualmente mágicos. Cualquier sueño en el que haya una playa interminable de aguas heladas y cristalinas me apacigua y me exalta a un tiempo. He soñado muchas veces con la playa y siempre me despierta un deseo inmenso de volver a una. O sueño que hay una playa en mi chalet, que está en el monte, y es tan fácil llegar a ella.

En este sueño Raquel estaba en mi chalet y yo aparecía por allí. Siento una gran curiosidad por ver a mi amiga embarazada y en mi sueño esta curiosidad se hacía realidad: Raquel estaba tumbada sobre una alfombra y su vientre era plano. Nada hacía atestiguar un embarazo avanzado. En el sueño le comento que parece que no esté embarazada. Y entonces ella hace aparecer la imagen de su feto bajo la piel de su abdomen. Primero se aprecia un movimiento tenue en su superficie como si se tratara de suaves olas en un pequeño mar. Yo le digo a una de mis hermanas que allí se encuentra: «¡Mira cómo se mueve el bebé!». Y de pronto no sólo las ondas de la piel sino toda la morfología del feto se hace visible a la perfección, como si éste estuviera cubierto con una sábana mojada que se pegara sobre los relieves de todo su cuerpo, mostrando todos los recovecos del mismo y hasta los rasgos faciales. Yo no puedo dar crédito. Raquel comienza a despegar con la uña el trozo de lo que parece ser un capilar sanguíneo reseco que la criatura tiene adherida a su ceja como si fuera la cosa más natural del mundo. El bebé se mueve y respira bajo la fina capa de la piel del abdomen de mi amiga, y es de una tonalidad grisácea con algunas venas amoratadas en su superficie. La imagen no me resulta repulsiva sino apasionante, y le digo que es un niño muy guapo.

Definitivamente en Semana Santa Novio y yo iremos a Menorca. Echo tanto de menos la playa. Y recordaré el mágico verano que viví allí con Berta la psiquiatra.

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