Simplemente «Ja, ja, ja»

Siguiendo con la tradición de este blog de ser mi diario (im)personal (está expuesto a la vista de todos en foros diversos y hasta en Twitter) me gusta dejar constancia de los cambios que voy experimentando durante mi embarazo, pero siempre desde un tono refrescante. Y es que, cuando pregunto a Hermana Mayor resulta que no recuerda nada de lo acontecido durante los 9 meses (en realidad 8) en que portó a mi Sobrina-Amada dentro de sí. Y a mí sí me gustaría recordarlo.

Semana 27 de embarazo
Es la primera vez que especifico los síntomas por semanas, así que este subtítulo carece de sentido. Lo más parecido que he escrito al respecto está en las entradas MIsterios antómicos I y Misterios anatómicos II

Mi cumple-semana tiene lugar los miércoles, y el pasado 25 de abril cumplí la semana 27. Según La Biblia del Embarazo «se acerca el final del segundo trimestre», o algo así.
Desisto: hace mucho tiempo que dejé de entender el tema de las semanas y los trimestres. Es cierto que la fecha probable de parto (FPP) de OVObebé tiene lugar el 25 de julio para lo cual quedan exactamente 3 meses. ¿Estoy ya en el tercer trimestre? Qué rápido pasa el tiempo.

Así a groso modo contaré los cambios que más me han llamado la atención:
-Uñas frágiles: Creí que se debía al esmalte transparente que me pusieron las chicas de abajo de casa, un material endemoniadamente pegajoso que no consigo eliminar ni con una espátula de esas de albañil, pero constato que las uñas se me rompen en la punta y siempre tengo alguna muesca que se engancha con la ropa.

Insomnio: Caigo rendida por las noches pero me despierto como un resorte a las 6. Sin embargo ayer tuvo lugar un curioso fenómeno: quedé con un compañero oftalmólogo en ir a verlo operar a su quirófano de estrabismos a un hospital de la ciudad de Valencia. Por lo que me puse el despertador a las 7 de la mañana, aunque me desperté como un resorte a las 6. Pues bien: tras ir a verle operar unas 4 horas y después regresar a casa dando un paseo, el cansancio más atroz se apoderó de mí. Tuve que dormir una siesta, pegagosa e interminable, y a la hora de la cena todavía me encontraba fatigada. Fue inexplicable y entonces entendí el típico cansancio de las embarazadas… Sí, pero de las embarazadas trabajadoras.
Y comprendí cuánto de psicológico hay en los madrugones cuando, lo que te espera tras ellos, es un duro día de trabajo en quirófano operando a niñitos bizcos, aunque sea como observadora.

-Pataditas: Me encanta notar los movimientos de OVObebé. No tengo ni idea de cómo está situado. Según mi matrona en posición podálica, es decir, de pie. Yo juraría que el bulto que se forma a la derecha de mi ombligo es su cabecita, y los temblores que noto en el costado izquierdo son sus pies, por lo que parece que esté tumbado en horizontal. Me siguen pareciendo fasciculaciones, es decir, temblores musculares involuntarios.
Los movimientos de OVObebé no siguen una secuencia determinada según el ritmo circadiano, ni responden más a una estimulación que a otra. Aparecen tanto de día como de noche, y lo mismo si estoy en reposo o en movimiento, y si suena música atronadora (como el miércoles por la noche en que fui a ver un espectáculo de ballet clásico) o un silencio sepulcral (como ayer durante las horas que estuve en quirófano. Me emocioné pensado que OVObebé tal vez sería cirujano, como yo. Pero por lo visto no puedo pensar en que el chiquitín me mantenga algún día vistas las profesiones a las que, al parecer, está destinado por nacer en el mes de julio).
Solo sé que cuando Novio apoya su mano en mi vientre, OVObebé se detiene. He intentado grabar muchas veces las ondulaciones de mi tripota pero me ha sido imposible (en el siguiente enlace se aprecia un poco)

https://photos.app.goo.gl/RXdfC7zZNisUQ2B8A

Así que hasta ahora podría decirse que tengo «movimientos psicológios de bebé» puesto que nadie más los ha sentido.

-Tripa redonda : Mi tripota crece por debajo de las tetas. Directamente se incurva desde lo alto del tronco hacia afuera de forma que mis tetas, que ahora son grandes y por efecto de la gravedad se han caído, contactan con su superficie. Por primera vez hay un espacio entre tetas y tripa y me cabe hasta la mano. Ahí se forman pequeños granitos que pican bastante. Hasta ahora usaba los mismos sujetadores solo que añadiéndoles unos corchetes extensores en la parte de atrás.

Finalmente el otro día compré un sujetador en una cara tienda premamá llamada Antojos. Al ser tipo top no se me clava en la parte de abajo de mis tetas, que es donde empieza la tripota. Lo que más ha aumentado ha sido el contorno de modo que ahora gasto la talla 100.

-Digestiones pesadas: No hay manera de cumplir con el axioma de «comer varias veces al día en pequeña cantidad». Como unas cinco veces al día, pero a la hora de la comida me meto entre pecho y espalda la misma cantidad que cuando no estaba embarazada, y las digestiones lentísimas o «momento Monty-Python» me duran una o dos horas en que estoy realmente incómoda.

-Reflujo gástrico: Es exagerado y, además, me resulta curioso comprobar que, puesto que debido al tema hormonal las digestiones son tan lentas, el reflujo aparece al cabo de una hora de haber comido, es decir, cuando menos me lo espero. Me imagino a los jugos gástricos avanzando desde el estómago hasta el esófago a velocidad de caracol.

-Labilidad emocional: No más de la que ya tenía (o quizá sí). Novio considera que los dos años de psicoanálisis no me han servido de mucho. Dicen que cuando das a luz empiezas a discutir con tu pareja por minucias tipo «qué body le pongo al niño». Yo ya discuto por minucias así, con lo cual ya veremos lo que pasará.

Resplandor de embarazada: Me veo más guapa. Y me ven más guapa. De tanto oír ese comentario empiezo a pensar que no debería desembarazarme nunca, o que antes era un adefesio. Yo lo atribuyo a la relajación que se apodera de mis rasgos faciales al no trabajar. Pero es cierto que, a pesar de la tripota que crece a pasos agigantados, me gusta vestirme guapa, pintarme, ponerme maxi-pendientes y mis zapatos de punta rojos o los de tachuelas de Bimba y Lola.

Todo el mundo constató en el congreso de la Sociedad Valenciana de Oftalmología al que fui el fin de semana pasado lo guapa que estaba.

Y es que siempre he tenido complejo de barriga, que nunca ha desparecido por delgada que estuviera. Como ahora no tengo que esconderla, si no más bien mostrarla con orgullo, ese apéndice ya no me molesta lo más mínimo.

Sobre ropita. Compré en Amazon un vestido premamá marrón de lunares blancos a lo Pretty Woman por el precio de 15 euros más gastos de envío. El vestido es este:

Pienso que con los complementos adecuados me servirá para: el congreso que tengo en mayo, y la boda, bautizo y comunión de ese mismo mes.

También he comprado un vestido mucho más caro en la tienda Antojos que no creo que valga lo que marca su precio, pero la dependienta era realmente buena y me dijo: «Venga, concédete un capricho».

Mis no síntomas (toco madera):
-Varices: Ni una

-Piernas y pies hichados: Pese al momento «pata de elefante» que tuvo lugar el mes pasado, mis piernas han vuelto a ser las que eran, delgadas y de tobillos finísimos. Eso sí, al día ando una hora o más.

-Estrías: Ni una. Y no será por la constancia (nula) con que me pongo crema anti-estrías o cualquier tipo de crema hidratante.

-Cloasma gravídico o manchas en la piel: No más que las que ya tenía. Desde hace unos años me han salido pequeñas manchas solares en la sien. Ahora me pongo crema hidratante con factor 30 y sobre las zonas de las manchas aplico protección 50. Pero no tengo el labio superior sombrío ni nada por el estilo.

-Línea alba: Mi tripota de embarazada es lisa y de un blanco homogéneo en toda su extensión.

-Hemorroides: De momento no. Y no será por la constancia con la que voy al baño… Cada dos o tres días.

-Síndrome del nido: Dícese de la locura que se apodera de algunas pre-madres ante la llegada de su retoño, y limpian superficies que nunca habían limpiado, y ordenan espacios que jamás se hubieran imaginado. Yo suelo ser limpia y ordenada «lo normal» y de momento no noto esa locura en mí.
Eso sí: con OVObebé estoy siendo de lo más austera y no le estoy comprando casi nada. Prefiero heredar todo lo que pueda. A partir del mes que viene sí sería conveniente tener preparados: la mini-cuna, la bañerita, el carro, un kit de aseo, el asiento del coche y su primera ropa. De todo esto tengo la ropa que compré en Lidl. Estoy siendo sorprendentemente poco gastadora con OVObebé.
Y es que me da miedo que se abra la veda… Para no cerrarse jamás. Y arruinarme. Y como OVObebé por lo visto tiene muchas probabilidades de ser albañil, conductor de tren o bohemio, no está el horno para bollos.
(Al menos no nacerá en noviembre, donde las posibilidades de que sea un asesino en serie son altísimas).

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