Reacciones de la gente ante la llegada de un bebé

Mi bebé nació el día 29 de julio. Desde entonces ando inmersa en un torbellino de emociones acuciadas además por el no dormir que hacen que lo vea todo como a través de una nebulosa. Por suerte, aún mantengo la cabeza en su sitio.

La casa también parece haber reaccionado

En nuestra casa para dos personas creíamos que no habría sitio para el bebé. Pero una vez ha llegado es fácil comprobar cómo todo tiene su sitio y su lugar y ya vamos generando rutinas: el cambiador está en el salón y al lado hemos dispuesto un kit de aseo:

La bañerita también está en el salón y la colocamos en la encimera de la cocina para bañar al bebé prescindiendo de las patas, puesto que en nuestro cuarto de baño no cabe:

La minicuna de colecho no ocupa apenas espacio en nuestra habitación. Bebé duerme mejor en un nido reductor acoplado a la minicuna:

Y el carrito está aparcado en la puerta de la entrada.

De momento todo cabe y a mí me gusta tener las cosas localizadas. Si Marido mete el carrito en el despacho, por ejemplo, ya me descoloca. ¡Y es que no hay que jugar al escondite con la cabeza de chorlito de una madre primeriza en los primeros días de postparto!

La casa parece una juguetería

La casa está llena de regalos, tantos regalos que me he sentido abrumada, como cuando llegaba Papá Noel. Además, mi cumpleaños tuvo lugar cinco días después del nacimiento de Carita de Buda y hubo algún que otro regalo para la madre.

Hay ropa que nos han regalado sin el dichoso ticket regalo. Y cuando te regalan bodys de manga larga y pantaloncitos largos en el mes de julio da un poco de rabia no poder devolverlos. Pero cada vez que miro hacia esas bolsas llenas de ropita me emociono, la saco, la miro y pienso en la intención de esa persona de hacernos felices con ese detalle.

Unas buenas amigas nos trajeron al hospital un oso de peluche gigante. Al principio pensé que no habría lugar en la casa donde colocarlo. Pues bien, al final todo tiene su cabida en esta casa para dos personas. Y el toque «oso de peluche gigante» le otorga un tinte infantil de tienda de juguetes que me encanta.

Como podéis ver todo está lleno de toquecitos de decoración bebil que me encantan:

Y a falta de armarios y de trasteros, tenemos un hueco donde colocar más cositas del pequeño como la hamaca o la mochila de porteo que nos ha dejado una amiga:

En la nueva casa-juguetería pasan cosas raras, como haber pillado a Oso chateando:

Reacciones de la gente ante la llegada de un bebé

1. La emotiva

Esta ha sido la reacción más común, sobre todo en nuestras amigas que ya son madres por las reminiscencias que les trae el bebé de cuando el suyo era recién nacido. Se han mostrado entusiasmadas con Bebé, lo han cogido y hecho arrumacos, y cada día nos preguntan cómo vamos la familia primeriza. Y a mí me encanta.

2. La de las abuelas

Abuela Materna, es decir, Madre, está supercontenta con Bebé. Ella misma dijo sorprenderse por la ternura que le inspira su propio nieto, «como si fuera un hijo», me dijo. Madre fue la primera que conoció a Bebé porque se quedó con nosotros en el hospital las tres noches (falta el post donde hablo de esto), la que lo acunaba cuando yo necesitaba dormir de tan dolorida que estaba de la cesárea, y ella le engañaba metiéndole su dedo en la boca. Lo besaba y acariciaba a cada rato, y me preguntaba por qué yo no hacía lo mismo. Yo estaba abrumada por tantos acontecimientos y muy molesta por la cesárea. Además, Bebé me parecía tan frágil y delicado que no quería molestarle con mis arrumacos. Ahora que ya nos hemos hecho el uno al otro y yo me encuentro mucho mejor, lo achucho y acaricio que da gusto.

Abuela Paterna, es decir, Suegra, no se imaginaba ser abuela a estas alturas y se le cae la baba. Aunque ella lo coge y besa mucho menos que Abuela Materna, y tiene siempre esa coletilla de «se va a acostumbrar al bracito». Me da igual. He leído mucho al respecto de los tan vilipendiados «bracitos» y son fenomenales para el correcto desarrollo emocional de un bebé, para forjar en él la confianza en el mundo que le rodea. Sin los bracitos de su madre ¿cómo va a sentirse seguro en un medio tan hostil como el extrauterino?

3. La alcoholizada

Nuestro vecino del segundo es un tipo interesante. Profesor de filosofía aunque ya retirado, siempre tiene un comentario mordaz e inteligente ante la actualidad del mundo. Pero tiene un serio problema de alcoholismo. Pues bien. El otro día lo encontramos paseando a su perro como es habitual, con el olor rancio a alcohol y tabaco que desprende su aliento. Se me acercó y me preguntó si acaso y habíamos parido. Era una pregunta retórica, claro. Pues al asomarse al carrito y ver a Bebé se le empañaron los ojos y vi mucho sufrimiento en ellos. Varias son las peleas que hemos oído en su casa, y el enfrentamiento con sus hijos es habitual hasta el punto de haber tenido que llamar a la policía. Me enterneció mucho su reacción. Es un ser sensible atrapado en una maldita enfermedad que, a ojos de su mujer e hijos, le hace parecer un fracasado.

4. La de la amistad

Temía un poco las reacciones de mis amigas no madres, pues no sabía si iban a actuar con indiferencia ante la llegada de mi bebé. Pues bien, me han sorprendido gratamente, mostrándose supercontentas y alegrándose por mí. Que vale, que ellas no lo han cogido ni hecho apenas arrumacos, porque no les interesan los niños. Pero me quieren y saben lo mucho que me ha costado tener a este bebé. Y me preguntan por él a diario y hasta hacen el esfuerzo por tocarlo cuando lo ven.

5. La masculina

La reacción masculina frente a un bebé me recuerda al punto número 4, es decir, la de mis amigas no madres. Los hombres no cogen al bebé, incluido Abuelo Paterno. No le hablan con tonos agudos ni lo besan. Sin embargo los noto contentos y felices por nosotros.

6. La sorpresiva

Somos una de esas familias numerosas en las que hay tíos que no conozco, pues Padre son diez hermanos que viven repartidos por toda la península y a algunos de ellos los he visto una vez en mi vida y Madre cinco hermanos que sí viven todos en Valencia. Pues bien. Es curioso lo que une un bebé si me han llegado mensajes de algunos de ellos mostrándose felices y contentos, pidiéndome fotos, preguntándome cómo nos encontramos, y hasta mandándonos dinero como regalo. Esto me ha sorprendido gratamente y me entristece no haber sido más familiar a lo largo de mi vida.

7. La vecinal

Tanto el dueño del café de bajo de casa, con un asombroso parecido al personaje de los Simpsons, Moe, y una depresión de caballo a cuestas, como la dueña del Café Camilo nos han narrado sus partos y postpartos al ver a nuestro bebé. El uno con un hilo de voz y la otra con su característica y atronadora verborrea.

8. La infantil

Los niños de cualquier edad se han mostrado celosos con la llegada del bebé. Y cuando van a visitarte tanto al hospital como a casa resulta un inconveniente puesto que sus padres han de estar más pendientes de su vástago que del recién nacido.
Y entonces la celosa soy yo. «Ahora me toca fardar a mí de hijo» pienso. Y me apetece hablar de mi parto, de cómo me siento y del bebé. Pero con niños resulta muy difícil.
Tanto Sobrina Amada como los hijos de unos amigos, de 4, 5 y 3 años respectivamente, nos montaron un pequeño pollo en el hospital y después en casa.
La primera se mostró aparentemente entusiasmada al principio, pero era falso. Se subió a mi cama en el hospital, me abrazó varias veces diciéndome lo mucho que me quería para que no me olvidara de ella, y a la octava vez que me dijo: «Dame un beso tía Jana» yo ya estaba agotada modo loca mirando ora al bebé ora a Sobrina Amada, y pensé en lo duro que tiene que ser tener dos hijos, pues no me llegaban las manos ni los ojos para los dos.

El otro fue llegar y querer marcharse con marido a buscar cromos. Pero no le bastaba con el kiosko cercano al hospital, por lo que Marido anduvo con él una hora por los alrededores del hospital sin poder disfrutar de la presencia de sus amigos, los padres.

Y el pequeño de 3 años montó un pequeño espectáculo en un bar al que fuimos a comer.

Lo dicho, difícil recibir visitas con niños pequeños.

9. La supersticiosa

Mar es la chica que limpia en casa. Y el jueves pasado por fin conoció a Bebé. Se mostró entusiasmada, por su tamaño y su gordura. Y se puso a relatarme un sin fin de remedios y curas para las parturientas ya que su abuelo era partero, así como de supersticiones, y a mí me encantó.
Por ejemplo, me dijo que si el bebé se metía los puñitos en la boca significaba que la madre iba a perder el cabello en el postparto. Y sino no lo perdería. Yo encantada, claro, puesto que el mío solo lo hace de vez en cuando.
Y a mí nada más verme me dijo que seguramente habría perdido mucha sangre debido al tono amarillento de mi piel. «Usted no estaba así antes de parir» me dijo.
Al ver las cacas de Bebé, unas de transición entre el meconio y las más sólidas que se parecen mucho a la Mostaza Dijon, nos dijo: «Ese niño pasa frío».
Del tema temperatura y bebé he recibido los consejos más dispares. Julio en Valencia es insufrible de caluroso, y yo tiendo a llevar a Bebé muy desabrigado por consejo de la matrona.
Madre y Suegra me aconsejan abrigarlo más.
Y Mar dijo que bebé pasaba frío. Así que ese mismo día le puse un body desmangado en lugar de llevarlo en pañales. Sucedió que, al dejar al niño en su carro antes de salir de casa se formó una mancha húmeda inmensa debajo de él. Yo creía que era pipí pero el pañal estaba seco.
«Eso es el frío del bebé que se le está quitando».
Hermana Mediana y yo nos quedamos a cuadros.
Desde entonces cubro su tronco con bodys y llevo siempre una muselina en el bolso para los cambios de temperatura que puedan haber.

Conclusión

La llegada de un bebé al mundo conlleva tantas reacciones como personas. Me resulta bonito comprobar que es un hecho que a nadie resulta indiferente. En mi caso ando todavía inmersa en un torbellino de emociones y con un fuerte instinto de protección que, junto con la falta de sueño, hace que no me haya detenido demasiado a analizar la situación. Pero me sorprendo a mí misma acordándome mucho de mi infancia con una ligera melancolía y una fuerte sensación de responsabilidad por tratar de hacer de la suya una infancia feliz.

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