¿Quién tiene el control de la maternidad?

Yo no sé si debido a que Bebé es todo un Bebé (está en el percentil 97% de altura con 76cm, de peso con 11,5kg y de perímetro craneal con 45cm) y me da miedo que a este paso tengamos que quitar el techo de la casa para que pueda entrar dentro como en Alicia en el país de las maravillas.

O debido a que Bebé es muy movido y con sus nueve meses ya gatea, pero lo que más le gusta es ponerse de pie sujetándose a los muebles, cajas y superficies de cualquier altura con sus peligros inherentes.

O debido a que estoy haciendo una crianza natural en toda regla pese a lo muy en contra que yo estaba antes de parir (colecho, lactancia materna y a veces hasta BLW) y me sabe mal poner a Bebé en la trona, o en el carro, o en cualquier superficie de la que no se pueda escapar porque pienso que estoy constriñendo su libertad, como por ejemplo al ponerle los zapatos.

No sé si se deberá a alguno de estos tres ítems pero en esto de la maternidad me pregunto: ¿quién tiene el control? ¿El bebé o yo? ¿Las situaciones o yo?

Parece que yo nunca tengo el control

Muchas mañanas, cuando el bebé se despierta y ya es imposible engañarlo con la teta o el chupete para que siga durmiendo, y tras haber constatado que en la cuna de colecho, lo que es dormir solo duerme la primera mini parte de la noche (es decir, desde que lo acuesto a las 8 hasta que me acuesto yo sobre las 10 o 11) en que al protestar lo paso a mi colchón y vuelvo a dormir de costado con el hombro izquierdo machacado, pues ahí empieza mi sensación de no tener el control: al despertar del colecho.

A mí me encantaría que siguiera en su cuna. Que al despertarse yo le pudiera dar el pecho y lo volviera a dejar luego en su cuna para mantener yo mi porción de espacio en la cama. Pero no. Es él quien tiene el control sobre mí y duerme conmigo. Y ya empezamos mal el día.

En casa

La casa se ha convertido en una jungla para el bebé si ya se mueve tanto y todo parece peligroso: los cantos de las mesas, los goznes de las puertas donde puede meter sus deditos, los enchufes, los cables de los cargadores de los móviles y tablets y ordenadores que cuelgan de una mesita de metacrilato muy mona (y endeble) que compré de tres patas y que provocará un accidente el día que Bebé decida ponerse de pie apoyándose en ella, porque lo que es resistente no lo es en absoluto para aguantar su peso.

El otro día tiró al suelo varias fundas de DVD, y al gatear encima de una de ellas resbaló y se estampó contra el lateral de la mesita del centro de los sofás, y un enorme cardenal apareció en su moflete casi al instante.

Poco después se dio un coscorrón con la esquina del cambiador.

También se pone de pie apoyándose en el mueble de la televisión que es tan bajito y está tan lleno de cables que he tenido que ir apartando progresivamente.

Y yo me pregunto: ¿cómo han sobrevivido todos los bebés del mundo a los peligros mortales de cualquier casa?

En el parque

Una vez constato que la casa no es segura decido marcharme al parque. Entonces le calzo sus Biomecanics que son estilo botita blanca con belcro, de manera que así ya no se quita los calcetines, y me siento mal por meterle el piececito de empeine tan tenso que él se empeña en no facilitarme nada para introducírselo. Bajamos al parque de la Iglesia de San Valero que es pequeño y está al lado de una carretera (nada recomendable) pero me gusta por la Iglesia, y por los bares, y el ambiente lleno de niños, palomas y perritos, que son tres cosas que a Bebé llaman tanto la atención. Entonces él se pone de pie apoyándose en el típico balancín individual que está instalado sobre un muelle, que tiene forma de animal. De momento su rigidez es suficiente para que no se desplace con el peso del bebé y este caiga de bruces. Pero no tiene suficiente con sujetarse del mismo con una sola mano, ahora Bebé tiene a bien soltarse de ambas manos y se cae al suelo de culete.

Cuando quedo con otras mamis y sus bebés, estos permanecen en el regazo de sus progenitoras mientras Bebé está apoyado en el respaldo de los bancos mirando las palomas, o bien en el suelo apoyado en el asiento del banco o apoyado en el carro que previamente he frenado. Entonces resbala y se da contra la rueda del carro o contra el propio banco en la cabeza y en el cardenal que tenía. Lo cojo pero él se resiste porque quiere ir al suelo de nuevo. Y miro de reojo a los bebés de los mismos meses que el mío cómo permanecen tan tranquilos con sus madres y pienso si aquí hay algo que falla, que cómo es posible que sean críos tan diferentes.

Ni durmiendo puedo estar tranquila

Entonces la opción que me queda es subir a casa, y tras darle de comer a las doce del mediodía, lo acuesto porque ya se frota los ojos. Me da mucha tranquilidad dormirle porque es el único momento en que parece que yo controle la situación. ¿O no?

Pues no siempre es así.

Cuando Bebé no se duerme, especialmente por las noches (si no se duerme en diez minutos con la teta, o en una hora como mucho mientras lo dejo gatear por la cama y finalmente del cansancio acaba exhausto) sé que va ser difícil dormirle. Llamo a Marido, y si él no puede tampoco, lo sacamos al comedor, y a mí me dan ganas de llorar: de nuevo es él quien tiene el control. Las nueve y media y despierto. ¡Habráse visto! Y no sé qué hacer para que le entre sueño.

Pero si al final se duerme, sobre todo si es su siesta matutina, tengo que estar muy pendiente de cuando se despierte, porque todavía no tengo montada la cuna de barrotes y lo separa del suelo la cuna de colecho que él ya podría perfectamente sortear poniéndose de pie en la cama. O bien gateando hacia el lado contrario en el que no hay nada, ni cuna de colecho ni barrotes. En cuanto llora entro en la habitación y es habitual encontrármelo sentado o gateando, avanzando peligrosamente hacia el abismo.

Así que no sé cuándo tendré el control sobre la maternidad.

¿Y a vosotras? ¿También os pasa con vuestros bebés?

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