Piropos del Bebé

Cuando se es madre la sexualidad pasa a un segundo (o tercer, o cuarto…) plano. Al menos en mi caso. Pero sucede que mi yo sexual se me revela en sueños. Así, tengo sueños recurrentes de que flirteo con otros hombres, la mayoría conocidos, antiguos compañeros de facultad sobre todo. Y en esos sueños hay también los primeros besos y de verdad que siento mariposas en el estómago como si fuera muy real. ¡Echo de menos ligar, es así!

Vivir a través de Bebé
Me considero con el suficiente mundo interior como para no necesitar vivir mi vida a través de la de mi hijo. Desde que soy madre echo de menos cosas, algunas muy tontas, como leer en la cama por la noche, o llegar del trabajo y tirarme en el sofá y no hacer nada. Pero con un bebé de nueve meses eso es imposible.

Quiero decir que aunque soy una madre entregada donde las haya también tengo mi parcela de tiempo, y como Bebé tiene ese maravilloso horario europeo en que se duerme entre las 7.30 u 8 me deja ese ratito hasta que me cuesto enteramente para mí.

Piropos al Bebé
Ya narré en otro post que mi Bebé es guapo. Pero es que es extremadamente guapo. Tiene cara de niño de anuncio, con sus apéndices tan proporcionados, la frente despejada, los mofletes achuchables, los ojos hechiceros. Por lo que me paran constantemente por la calle para decirle una sarta de piropos, tanto abuelas, como mujeres jóvenes y hasta hombres. Que qué guapo, que qué recio, que qué grande, que qué ojazos, que qué pelazo rubio.

Pero los piropos que más llaman mi atención son los proferidos por un tipo de mujer pongamos en la cincuentena de la vida, con un aspecto algo desaliñado, y además de aspecto lenguaraz. Mujeres que pasan por mi lado y le sueltan alguna cosa con la voz ajada de tanto fumar, así rápido pero alto, y pasan de largo, del tipo: «¡Pero qué preciosidad de Bebé»!, o «¡Pero qué cosa tan bonita!». Y me recuerdan a los piropos proferidos por los albañiles en una obra, con un cierto toque obsceno, no me entendáis mal… Es por el tono con que lo dicen, más que por el contenido.

Me recuerdan a los pocos piropos que recibo desde que soy madre (probablemente ninguno, salvo las palabras alentadoras de alguna mami con la que quedo en los momentos de crisis) y lo mucho que atrae este Bebé a nivel estético, algo que yo no. Será un bebé que crecerá con mucha autoestima, al menos en el plano físico, porque guapo es a rabiar, y aún mantiene esa adorable cara de bebé que está para comérselo.

Y ahí sí me doy cuenta de que me emociono con los piropos que recibe Bebé, que en cierto modo es una forma de vivir mi vida a través de la suya. Aunque no tienen el encanto de los piropos proferidos a una misma.

Pero esos piropos entre secos y directos y agresivos que profieren algunas de estas mujeres me siguen perturbando un poco.

Y al mismo tiempo los echo de menos… Pero para mí. ¡Seguiré soñando con besos robados!

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