Un otoño estéril

Parece ser que el otoño ha llegado a la ciudad de Valencia. Yo, que me vanagloriaba de vivir los veranos más calurosos y prolongados de la península, estoy asistiendo al septiembre más otoñal que recuerde.

Tras llegar de Cádiz el 22 de agosto me puse enferma. Tengo alergia a los ácaros y éstos se multiplican con la humedad otoñal. Y este año la humedad otoñal se ha adelantado. Así pues, podría decirse que tengo alergia al otoño. Y con la alergia llegan el broncoespasmo y la fatiga, y además las fosas nasales totalmente taponadas así como los oídos debido a una otitis serosa.

Me estoy medicando con un antihistamínico diario, un broncodilatador cada 12 horas, otro broncodilatador a demanda, corticoides orales durante una semana que ya he dejado, y dos pulverizadores nasales. Nada de eso ha acortado la duración de la alergia, y a día de hoy aún tengo síntomas.
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El drama de la esterilidad made in Hollywood

Muchas veces, cuando veo una película norteamericana del tipo drama o melodrama, y ésta llega a su fin acompañada de una poderosa banda sonora que, a bombo y platillo, anuncia que el protagonista ha aprendido algo de su tragedia, una desearía experimentar una tragedia similar, o al menos contada al modo estadounidense donde todo parece menos grave, para salir airosa de la misma con una lección bien aprendida.

Sin embargo, cuando una vive el drama de la esterilidad nada parece edulcorado ni oye una banda sonora de fondo que le haga alzarse victoriosa con el puño en alto. No.
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Cádiz. Un destino no apto para infértiles

Este verano mi chico y yo hemos optado por alquilarnos un chalet en Caños de Meca, en el municipio de Barbate, provincia de Cádiz.

Caños de Meca está a 800 kilómetros de distancia, unas 8 horas y media en coche desde Valencia. El turismo es principalmente local. Por eso nos gusta. Por eso y por sus playas de agua fría, jalonadas por pinares y dunas salpicadas de barrones.

Nos ha encandilado la Playa del Faro, junto al Faro de Trafalgar y cerca de la Playa de Zahora. Debido a su acceso a pie solía estar poco transitada. Ahí que nos dirigíamos todas las mañanas, cargados con sendas mochilas y tumbonas, la sombrilla y la neverita bien surtida. La playa posee una arena tostada no demasiado fina, por lo que no penetra hasta el último rincón del equipaje. Las dunas la bordean por el norte, y más a lo lejos los pinares. El faro es la única construcción a la vista.

El castigo de la no maternidad
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