Un otoño estéril

Parece ser que el otoño ha llegado a la ciudad de Valencia. Yo, que me vanagloriaba de vivir los veranos más calurosos y prolongados de la península, estoy asistiendo al septiembre más otoñal que recuerde.

Tras llegar de Cádiz el 22 de agosto me puse enferma. Tengo alergia a los ácaros y éstos se multiplican con la humedad otoñal. Y este año la humedad otoñal se ha adelantado. Así pues, podría decirse que tengo alergia al otoño. Y con la alergia llegan el broncoespasmo y la fatiga, y además las fosas nasales totalmente taponadas así como los oídos debido a una otitis serosa.

Me estoy medicando con un antihistamínico diario, un broncodilatador cada 12 horas, otro broncodilatador a demanda, corticoides orales durante una semana que ya he dejado, y dos pulverizadores nasales. Nada de eso ha acortado la duración de la alergia, y a día de hoy aún tengo síntomas.

Otoño expectante

En agosto me llamaron para anunciarme que ya están a la búsqueda de mi donante de óvulos. Me dijeron que éstas comenzarían a aflorar a partir del día 21, puesto que también tienen derecho a descansar, las donantes. Y todos mis planes de prolongar las vacaciones en la playa se fueron al traste con la alergia otoñal. No he vuelto a bañarme desde hace casi un mes y el reciente frío no ayuda, yo, tan acuática.

El día 4 de septiembre comencé a trabajar con el asma extrínseca abocándome a la asfixia, la tos expectorante y la mucosidad nasal cada vez más espesa. Y no me han llamado todavía anunciándome la llegada de una donante con un fenotipo similar al mío.

Embarazos endiabladamente exasperantes

Una buena amiga a la que comuniqué que, tras cuatro FIV infructuosas había decidido pasarme a la donación de óvulos, me dio el contacto de una buena amiga suya recientemente embarazada por el mismo procedimiento. La gente tiende a hablar del tema a la ligera, como si se tratara de un procedimiento normal, sin la menor intención de ponerse en el lugar de una y tener la mínima idea de lo que significa el duelo genético.

Una llamada de teléfono desesperante

Llamé, pues, a su amiga. Y el resultado no pudo ser más desalentador. Mujer de 43 años de edad que había reunido el dinero suficiente para un primer y único intento de técnica de reproducción asistida, se decantó directamente por la donación de óvulos y se quedó embarazada a la primera. Así pues, no sabía nada de cuántos óvulos había generado su donante, cuántos embriones ni si tenía algún congelado.

Yo, obsesionada con el “Compromiso Embarazo” que ofrece el IVI según el cual, si tras tres intentos de ovodonación en el transcurso de dos años no se consigue el embarazo te reembolsan el dinero. Yo, que sé que el IVI se compromete a que la donante done un mínimo de 9 ovocitos de los cuales se obtengan un mínimo de 2 embriones a día 5 de vida o fase de blastocisto. Yo, que sé que el IVI considera embarazo viable la primera ecografía con latido cardíaco, a partir de la cual, si se interrumpiera el embarazo de manera espontánea no te reembolsarían el dinero. Yo, que sé que el Insituto Bernabeu consiera embarazo viable los primeros 180 días de vida intrauterina del embrión y pese a todo nos habíamos decantado por el IVI debido a que su laboratorio es el mejor y a la cercanía, sin duda.

Yo, que había pensado estrategias de ahorro, valorado los pros y contras de una y otra clínica, y en definitiva, tenía un plan, me hallaba ante una mujer que se conformaba con un primer y único intento el cual además, le había salido bien.

En fin, esta mujer, doctora en Materiales, no sabía nada de sufrimiento, y con un tono de voz optimista y alegre me auguró un embarazo por ovodonación, alegando para ello que tenía 36 años. Esta mujer nada sabía de mis anteriores intentos, de la frustración que acarrean, del dinero y tiempo que consumen, y del miedo que implica comenzar un nuevo proceso que nada asegura.

Otoño estéril

Así que aquí me hallo, esperando una llamada del IVI anunciándome que hay una mujer rubia de ojos verdes dispuesta a estimularse y a que le extraigan cuantos ovocitos genere, mientras mi oído derecho se resiste a destaponarse. Tal vez la enfermedad debía llegar antes que la donante, pues hubiera sido insensato somenterme a una transferecia de embriones medicándome con tantos dispositivos introducidos por tan distintos orificios, ya que a los broncodilatadores y pulverizadores nasales habría que añadir los óvulos de progesterona vaginales.

Tal vez la naturaleza quiera que pase la alergia otoñal antes de tiempo porque el mes de octubre estaré ya embarazada.

Quién sabe.

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