No me visualizo haciéndome un pipitest

Ese miércoles día 15 de noviembre, en mi segunda semana de betaespera y a dos días de realizarme la beta en sangre, lloré mucho. Por la tarde me invadió una suerte de parálisis cerebral de betaesperante. Sentada en el sofá y leyendo síntomas en internet de manera ininterrumpida, llegué a la conclusión de que no tenía un plan.

A la búsqueda de algún tipo de plan
La determinación de la BHCG tendría lugar el viernes 17 de noviembre. Lo más sencillo era sacarme sangre en el hospital a primera hora y, entre paciente y paciente, ir mirando el ordenador hasta obtener el resultado. Pero mi consulta de los viernes requiere de una concentración que una betaesperante el día de la beta no podía ofrecer. Y los pacientes no tenían la culpa de mis problemas reproductivos. Además ese día tenía consulta de niños. La oftalmología pediátrica es una subespecialidad en sí misma que requiere tanta inteligencia (de la emocional y de la otra, la del CI) que una betaesperante el día de la beta no puede ofrecer. Las betaesperantes aparcan toda otra capacidad que no sea el miedo o el instinto. Llevan a cabo una aparente vida normal guiadas por una especie de automatismo. Pero sus capacidades están centradas en su ombligo, que en ese caso es su útero.
Se da la paradoja de que una betaesperante está y no está embarazada al mismo tiempo. Ambas situaciones tienen lugar a la vez.
Contrariamente a lo que suelen decir mis compis del foro de ovodonación del IVI, Ovonenas 2014, que después del transfer estás embarazada hasta que no se demuestre lo contrario, yo soy de la opinión de que, en una situación de incertidumbre, se cumplen ambas premisas al mismo tiempo.

Una llamada de consuelo
Me había ganado una llamada de consuelo. Siempre me ha costado compartir mi angustia de betaesperante con Novio, puesto que cualquier tipo de empatía que él que pueda manifestar es anulada ante el pensamiendo irracional «pero tú no eres yo y no sabes lo mucho que estoy sufriendo».
Tras dos años y medio de terapia bi-semanal con mi psicoanalista había aprendido a ser más reservada en situaciones altamente ansiógenas.
En mis dos primeros tratamientos de infertilidad rara era la persona que desconocía mi situación: mis padres, mis hermanos, mis tíos, mi suegra, mi cuñada, los primos de mi novio, mis amigas de la facultad, mis amigas íntimas, las enfermeras y auxiliares del hospital, las estudiantes de medicina que pasaban por mi consulta, mis compañeros de trabajo. A todos ellos hacía depositarios de mis miedos sin importarme el grado de confianza que pudiera tener. Tan solo hablándolo creía hacer desparecer mi ansiedad. Dos años y medio de terapia me hicieron ver que no era así. Que todas las expectativas generadas sobre un supuesto embarazo en todas esas personas no hacían sino incrementar más mi ansiedad. Amén de lo inapropiado de cargar a un desconocido con la angustia de una persona ajena por completo a él.
Así pues, en mis dos siguientes tratamientos no hablé apenas del asunto con nadie. Y en este quinto y primer tratamiento de ovodonación, tan solo había hablado con Novio, mi psicoanalista y mi amiga Berta la psiquiatra.
Así pues, llamé a Berta.
¿Cuál era el conflicto al que me enfrentaba? La ausencia de plan. No podía hacerme la beta en consulta. Sería una situación totalmente desquiciante. Y la idea de ir al IVI para la extracción de sangre un viernes por la tarde con el tráfico de la hora punta, y esperar en casa la llamada con el resultado que seguramente llegaría a última hora me aterraba.
El problema era que no me visualizaba en ninguna situación en la que se desvelase si había o no embarazo.
¿Entonces la incertidumbre de si hay o no embarazo es más gratificante que la realidad? No, no era así. La incertidumbre me estaba mortificando. La única solución posible era determinar si había un embarazo o no mediante una sencilla prueba, una prueba cualitativa, casera y rápida. Un test de orina o, como lo llaman mis compis del foro, un pipitest.

15 euros de pipitest
Bajé a la farmacia y compré el Clear Blue. ¿Por qué el test de embarazo más caro? La vida de una infértil se forja a base de obstáculos en los que una va aprendiendo. Una beta positiva no es suficiente. Se tiene que tener una buena beta para estar seguros de que el embarazo va a ser evolutivo, pese al dicho de que, más importante que el valor de la beta lo es si ésta duplica en 48 horas. Si me compraba una sencilla tira reactiva y ésta se impregnaba con una mínima cantidad de BHCG, el test saldría positivo, tanto con un valor de beta de 600 como de 60 mUI/ml. Y un valor de BHCG de 60 es un mal valor que augura un embarazo bioquímico, esto es, un embarazo que no tiene lugar y cuya siguiente determinación suele ser cero.
El Clear Blue afina un poco más y si el valor de la BHCG es elevado especifica las semanas de embarazo supuestas en que se encuentra la gestante, que evidentemente no corresponden con la realidad, porque el tiempo de embarazo el día del test de embarazo es de 0 días (aunque médicamente se digan dos semanas porque se cuenta el primer día de la última regla como fecha de inicio de embarazo, pero claro, en esas dos semanas aún no hay vida intrauterina).
Guardé el Clear Blue en el segundo cajón de la mesita de noche, junto con dos ecografías de mi anterior embarazo malogrado en que se veía una vesícula vitelina demasiado grande, signo de mal augurio. Por algún motivo y pese a no conceder imporancia a la idea del aborto que tuvo lugar tras comprobarse que ese embarazo no era evolutivo (finalmente se estableció que el embrioncito fruto de mis óvulos tenía una trisomía 22) no había tirado esas fotografías. Creo que a eso se refieren los psicoanalistas cuando hablan del subconsciente.

No sabía cuándo iba a usar el pipitest. Pero estaba ahí.

Pues esa madrugada, la madrugada del 15 al 16 de noviembre, antes de mi quirófano de los jueves, me levanté con el valor suficiente de enfrentarme a la realidad. Empuñé el paquetito con una mano, dije a Novio «no aguanto más», él me siguió soñoliento, oriné dentro de un gran tupper circular que coloqué sobre el lavabo, introduje la tira del pipitest durante 20 segundos en el líquido humeante y lo deposité sobre la mesa del comedor. Novio y yo nos cogimos de la mano, yo respiraba de manera agitada y poco a poco el miedo iba cediendo. Me apaciguaba la idea de realidad, fuera cual fuera. Al cabo la pantalla empezó a parpadear.

Embarazada

Y unos segundos después…

Embarazada 2-3

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