Madres trabajadoras

He querido titular este post al igual que la serie que voy a criticar comentar.
¡Atención, spoiler!


Working’ Moms
Tengo la manía de llamar a la serie «Walking’ Moms» y no sé si aquí me está delatando mi subconsciente por aquello de que las madres también podemos llegar a ser muertos vivientes (en mi caso sí lo he sido en más de una ocasión).

Es una producción canadiense de 2017 que está en la plataforma Netflix. Cuando supe de ella me alegré: ¡por fin una serie donde verme reflejada! Y es que últimamente estoy en crisis. Así como el postparto lo viví bastante bien, el bebé era pequeño y manejable, solo hacía que comer y dormir, la lactancia se me dio bien y tuve bastante apoyo emocional y del otro, ahora me temo que estoy sufriendo una depresión post-postparto. Pero ya haré una entrada sobre ello.

La realidad
La serie empieza presentando a sus cuatro protagonistas como asistentes a un taller de lactancia. Hasta aquí bien: yo también asistí a un taller de lactancia en el que se hablaba de otras cosas además de no asesorarnos sobre la misma (y es que los criterios de la matrona eran lo suficientemente laxos como para considerar importantes algunas de nuestras vicisitudes con la teta). ¿Lo bueno? Que conocí a otras madres con las que todavía mantengo la amistad.

Pero es que estas cuatro madres… No son madres latinas. Son madres anglosajonas. Y se nota un huevo. Deberían hacer la serie en su versión mexicana o española. Nada que ver.

Baja de maternidad de 8 meses
Las cuatro madres son trabajadoras y se incorporan a sus puestos de trabajo al empezar la serie, con la diferencia con respecto a España de que sus bajas han sido de ocho y nueve meses. Es decir, han cuidado de sus retoños durante toda la exterogestación . Y si es así ¿por qué ese desapego hacia sus hijos?

Perfil de madre número 1
No recuerdo los nombres de las protagonistas. Pero me referiré a la más protagonista, la morena de pelo largo y labios operados (tiene unos grumos de silicona en las comisuras del labio superior que quedan realmente mal). Esta mujer representa a la clásica ejecutiva agresiva que ama su trabajo de miles de horas por encima de todo y se incorpora feliz a su puesto en una empresa de publicidad. Ella es la única mujer, al menos lo parece, en un mundo de hombres. Y se mimetiza con el entorno, bromea de sexo con ellos y parece uno más.
Al principio se plantea llegar a casa todos los días a la hora del baño. La realidad es que nunca lo cumple y llega mucho más tarde.

Pero a donde yo quería llegar es al quid de la cuestión: la serie no refleja la dependencia de un bebé que ha estado bajo el cuidado permanente de su madre durante nueve meses y además con lactancia materna. No, no la refleja. Cuando Kate (creo que se llama) llega a casa se encuentra una casa ordenada y un bebé RELAJADO y tranquilo que no la reclama para nada, que permanece cual muñeco de cera sentado en su hamaca, tranquilo y circunspecto como buen actor de bebé. ¿Perdona? Cuando llego de trabajar a las dos y media o tres lo hago con la lengua fuera, pensando que Bebé ya ha pasado toda la mañana con su cuidadora. Que probablemente Marido ya haya llegado a casa pero, seamos sinceros, Bebé protesta con Marido muchas veces y quiere mamá. LA REALIDAD ES QUE BEBE QUIERE MAMA. Y me agobia. Y mucho. Pero es lo que hay. Lo dicho: llego a casa, bebé hace grandes aspavientos de la alegría que le produce verme y lo cojo. La comida y la mesa ya están preparadas, eso sí. Ponemos al niño en el carrito pero yo como en cinco minutos porque Bebé no para de reclamar mi atención moviendo sus bracitos, balbuceando y las menos de las veces lloriqueando.

Kate llega a su bonito piso y se sirve sin prisas una copa de vino. Además tiene tiempo y ganas de flirtear con su marido y tienen una cita en un restaurante (solo que Kate no llega a tiempo).

Me defraudó: yo puedo beberme una copa de vino de un trago mientras me limpio la boca con la servilleta y cojo a Bebé en brazos para que no note su cuerpo separado del mío ni un minuto más. Y flirtear con mi marido ya ni lo recuerdo, por no hablar del NO sexo, etc.

Kate al final desteta a su retoño. La imagen sacándose leche en el trabajo y desparramándola encima de la mesa me gustó porque la viví igual en mi trabajo. Al final decide pasarse a la leche de fórmula con la culpabilidad que eso le produce. Pero ella no duerme con su hijo (bien hecho) y en un capítulo dice que lo ponen a dormir solo en su cuarto y lo dejan hasta llorar (método Estivil canadiense).

Al final Kate acepta un trabajo en Montréal por lo que tendrá que pasar tres meses alejada de su bebé y de su marido (yo aún no me he ido a cenar con los compañeros de trabajo y ha habido no menos de tres cenas desde que empecé, y estoy rechazando cualquier propuesta lúdica que me ofrezcan los laboratorios, por no hablar de los congresos que vete tú a saber cuándo pisaré). Estando en el nuevo piso hablando por Skype con su marido y su hijo éste le dice que el bebé tiene un sarpullido y que está preocupado, a lo que ella responde que el bebé tiene sarpullidos todo el tiempo y que le preste atención a lo que le estaba contando (mi bebé solo ha tenido un sarpullido y fue el exantema súbito del lactante, ahí es nada).

Finalmente el bebé ingresa y ella se da cuenta de lo desapegada que ha sido, abandona su trabajo en plena presentación y con lo puesto y pide perdón a su retoño en una escena inverosímil en la que se mete en la cuna del hospital a colechar.

Perfil de madre número 2
La madre número dos es más heavy metal que la primera. Para empezar tiene una hija de siete años a la que maltrata verbalmente (no entiendo muy bien por qué la mala hostia de esta protagonista). Pues bien. Durante toda la serie no se la ve estresada por tener un bebé. Y es que durante toda la serie no lo coge en brazos ni una sola vez. Tiene una niñera que se encarga constantemente de ambas hijas. Y ahí aparece la imagen de la niñera encaramada a la encimera de la cocina mientras guisa, con el bebé sin protestar en la hamaca junto a ella y la niña de siete años mirando cómo guisa. ¿Y qué hace esta madre? Ver la tele mientras come comida basura y mira de reojo la familia que ha formado y de la que no participa.

Resulta que con un bebé de ocho meses y en plena lactancia se ha vuelto a quedar embarazada. En una escena tiene un accidente y van al ginecólogo para ver si el bebé está bien. Pues no: hay una hemorragia subcoriónica y la madre debe guardar reposo. Noticia que no parece afectarle lo más mínimo. Porque además el reposo no lo guarda.

Entonces (y al menos la serie sí es coherente) descubres que toda su mala hostia es porque está desbordada ya con dos hijas (¿por qué si pasa de ellas totalmente?), se siente poco querida por la mayor (normal, si no la maltratara tanto y pasara algo más de tiempo con ella) y lo que quiere es abortar un tercer bebé (no me extraña si parece que no se ha enterado de que ha tenido un segundo).

Y sí. Aborta el bebé. Menos mal. Pobre bebé nacer con una madre semejante.

Perfil de madre número 3
La madre número tres ha tenido una depresión postparto y bromea todo el tiempo sobre lo bueno que sería desaparecer del mapa. Y sin embargo la que pasa el 90% del tiempo con el bebé es su pareja, otra mujer. Lo mismo: presentan a un bebé silencioso que les permite hacer el amor y conversar (que estamos hablando ya de bebés de nueve meses), bebés que no protestan, que no hacen caca, a los que no hay que bañar ni alimentar, a los que no hay que abrazar ni besar y con los que no hay que jugar.

Pero ella está deprimida.

Con su trabajo en una inmobiliaria (a las series se les acaba la imaginación con los trabajos para mujeres) en el que no da pie con bola por su depresión. Y no, no se entiende por qué esa depresión. Madre trabajadora sí, pero la que se hace cargo del bebé es la otra madre, chata. ¿Qué te deprime?
De nuevo me ha frustrado no verme reflejada, no ver cómo la madre llega a casa de trabajar y tiene que ocuparse todo el tiempo del bebé, durante la tarde, noche y fines de semana.
Y es que la que ha parido ha sido ella con semen de donante. Pero la que se hace cargo es su pareja.

Perfil de madre número 4
Y aquí presentan a la madre más adolescente y despegada de las cuatro. Que sí, que entiendo que tengas una crisis que te mueres con tu pareja al que has dejado de admirar y de desear, ¿pero de ahí a no amar a tu bebé? En este caso el que ejerce de amo de casa es el padre y sí está bien reflejada la relación que él tiene con la niña: la coge, la cuida, la besa, está pendiente de ella en cada una de sus apariciones.

Esta madre, aparte de estar físicamente estupenda, flirtea con todo bicho viviente en su trabajo, se enamora de su jefe, sale de fiesta y se enrolla con el primero que conoce, y se hace un piercing en el pezón «para tener un lugar de su cuerpo que sea solo de ella, que le recuerde que no solo es madre y esposa».

Anda ya. El marido poco más puede aguantar semejante desapego. En una escena ella mira a su bebé que está tranquila en la hamaquita y la mira con perplejidad como si no la quisiera. Ahí confiesa a su marido que tiene dudas acerca de lo que siente por los dos, por él y por ella. El marido sube las escaleras afligido y ella se queda en el sofá mientras el bebé permanece en la hamaca que está sobre la encimera de la cocina (les gusta mucho a los canadienses poner a los bebés en alto).

Mi realidad es que cuando he discutido con Marido ha sido con el ruido de un Bebé de fondo y yo cogiéndolo y besándolo o en cualquier caso no dejándolo en alto en su hamaquita.

Que bebé tiene siete meses pero parece que tenga un año en cuanto a tamaño. Y es todo ojos y orejas, y hay que estar estimulándole constantemente. Y todo eso es agotador y me tiene muy cansada y en fin, no ha salido reflejado en ningún capítulo de esta tan esperada serie.

Lo dicho, productores de Netflix: haced Madres Latinas y otro gallo cantará.

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