Los famosos “pa luegos”

Una embarazada desesperada

Desesperada. No hay mejor definición que esa. Si en las últimas semanas de su embarazo Rachel, una de las protagonistas de Friends, encontraba irritante la manera de respirar de Ross, a mí me ocurre lo propio con Marido.

A saber: yo soy un ser hipersensible ante los cambios de temperatura. Sé distinguir un día de mucho calor de otro de mucho mucho calor. Ese segundo adjetivo «mucho» lo cambia todo: por ejemplo, de poder dormir más de una hora seguida a no poder hacerlo.

El insomnio ha acompañado a mi embarazo desde casi el principio. Si a eso sumamos el calor del mes de julio me encuentro con que el insomnio se ha incrementado hasta el punto de caer rendida y de pronto, la mente hace un chasquido, ‘click’, y los ojos vuelven a estar abiertos como platos. Cada giro en mi cama de derecha a izquierda y de izquierda a derecha se convierte en un acto consciente que requiere de una enorme fuerza de voluntad, pues el bebé me aplasta cuando estoy en decúbito supino.

El lunes pasado tuvimos una de esas noches tropicales valencianas que incitan al suicidio. Al día siguiente lo comenté en Twitter acompañándolo de un gracioso gift, al que Marido correspondió con un like.

Pero a pesar de todo, esta fue nuestra conversación del miércoles, cenando en la terraza del chalet de mis padres, a las 22 horas y 28 grados:

Yo: —Creo que se avecina una nochecita como la de hace dos días
El: —¿Qué pasó hace dos días?
Yo: —¿No notaste nada especial?
El: —No
Yo: —Vale

Desesperante. Ni siguiera recordaría haber pulsado el like a mi tweet.

Marido no se inmuta ante el calor o el ruido y duerme SIEMPRE del tirón. No lo soporto. No, estando embarazada de 8 meses. Yo apenas he dormido una hora seguida y a las 5 ya estaba en el sofá.

37 semanas

El miércoles 4 de julio hice 37 semanas de embarazo. Y mi cuerpo parece un recopilatorio de cicatrices de guerra.

Engordar parece que solo he engordado de barriga. ¡Pero qué barriga! Además sigue estando «alta», lo que significa que permanecer sentada con la espalda totalmente vertical es casi misión imposible, pues la barriga me aplasta el esternón y me empuja hacia detrás. Pero colocarme repantigada tampoco es la solución puesto que el peso del bebé me aplasta el abdomen y lo que quiera que quede de él, pues empiezo a pensar que OVObebé ha terminado con todas mis existencias de órganos torácicos y abdominales: pulmones, estómago, hígado, páncreas y demás.

No me han dado cita en ginecología hasta la semana 39. O sea, desde la semana 34 a la 39 no me va a ver ningún ginecólogo. Y eso que OVObebé parece un macroBEBE. Pues nada. Hasta entonces que me zurzan. Y se me pasó la cita con la matrona del día 2 de julio. Qué será que tiene esta matrona que es la segunda vez que se me olvida su cita.

Síntomas:
Insomnio. No es nada nuevo pero ahora está agudizado por el calor y por los nervios al acercarse la fecha de parto. Más que miedo ante el parto tengo miedo por la crianza y todo lo que supone tener un bebé.

Taquicardia: El cuerpo de una mujer embarazada debe bombear un 50% más de sangre, así que la taquicardia es lo habitual. Pero además en mi caso me golpean los latidos en las sienes debido a mi reciente pérdida de audición por un tapón de cera y una otitis de esas de piscina de cuando era pequeña. Y es que he estado en el chalet de mis padres durante dos semanas y vivido en bikini y embadurnada de sol y agua clorada.

Tendinitis de Dequervain. Buscadlo, vagas, no me apetece crear enlaces.

Dolor articular de los dedos de las manos, más acusado por las mañanas aunque dura casi todo el día.

Entumecimiento de los dedos de las manos: Por las mañanas mis dedos están hinchados y debo moverlos durante un buen rato para eliminar esa sensación extraña. No me cabe el anillo de boda.

Pie derecho hinchado. Parece un ataque de gota. Todos sabemos que la vena cava inferior o ascendente está en la parte derecha del cuerpo y se encarga del retorno de la sangre venosa de los órganos situados debajo del diafragma al corazón. El útero comprime la vena cava y claro, la sangre se acumula en el pie derecho. El pie tiene un aspecto regordete y las tiras de cualquier sandalia se quedan grabadas en la piel a modo de cicatriz. Tengo que tumbarme de vez en cuando para que el pie se vacíe de la sangre acumulada. Como si un enfermo vaciara su orinal por las mañanas. Todo un ritual. Ultimamente se hinchan ambos pies por igual, y ayer que fui a comer primero con una amiga y después a cenar con mis primos, mis tobillos y pies parecían dos columnas jónicas por efecto de pasar sentada tanto rato.

Polaquiuria o necesidad de orinar varias veces al día o la noche. Si hace un mes solo orinaba unas cuantas gotitas a pesar de que la sensación era de tener toneladas de pipí, ahora además orino cantidades ingentes. Imagino que tiene que ver con el beber más líquido por ser verano. Me pregunto cómo es posible que en esa vejiga tan reducida por efecto del útero quepa tanto orín. Me levanto entre 3 y 5 veces por la noche para orinar. Y si estoy en la piscina tengo que salir a cada rato, me aparto el bañador y orino de pie en el césped (esto en la piscina de mis padres, claro, en la piscina pública no se me ocurre).

Empanamiento mental: Entre el calor y el sueño constantes, mi mente se encuentra en un estado primitivo a lo Homer Simpson, de forma que si no me dicen las cosas muy machacaditas y claras, no me entero de nada. O tal vez me dé igual todo lo que no sea Cuerpo y yo.

Otitis. Esto no tiene nada que ver con el embarazo, pero lo estoy pasando mal. A la otitis de ambos oídos se ha unido un tapón de cerumen que ha obstruido el oído derecho y mi audición es muy deficiente.

Velocidad vital ralentizada: El embarazo me ha dado una lección de vida. Yo que soy un ser nervioso y veloz en la palabra y el caminar, me encuentro atrapada detrás de una barriga ingente y bajo muchos kilos de peso que me impiden hacer las cosas con la ligereza de antes. Es frustrante aunque ahora sé lo que se siente siendo una persona tranquila.

Marcha balanceada: La pelvis se está abriendo como una sandía partida por la mitad. Por eso camino con las piernas separadas y balanceándome a ambos lados como si tuviera ambas caderas dislocadas.

Irritabilidad. No comments.
Susceptibilidad. No comments.
Hipersensibilidad. No comments.

Los famosos «pa luegos»

Es una expresión que me da mucho asquito. La aprendí hace poco. Un «pa luego» es la comida que queda incrustada entre los dientes y se llama así porque, cuando se deposita en la boca de manera espontánea, la persona se la traga después de haber comido. Como un reservorio de comida modo hámster o un epílogo de lo que fue un opíparo festín. Repulsivo.

Yo tengo varios «pa luegos» en mi embarazo.

Primero: Como sabéis, no hay habitación del bebé y la idea de llevar todos los libros del despacho a un trastero la estamos aplazando.
La mini-cuna la pondremos en nuestra habitación, pero, a este paso, mi idea de no prolongar el colecho hasta más allá de los 9 meses no va a ser posible.

Segundo: No me he leído ningún libro sobre cuidados del bebé. Si tampoco me leí ninguno sobre embarazo, esto no me sorprende lo más mínimo. Pienso que ya lo haré cuando nazca.

Tercero: No he leído ningún artículo ni visto ningún vídeo o tutorial sobre el parto. Me digo que ya lo haré más tarde.

Cuarto: No he hablado con OVObebé en todo el embarazo. Me gusta mirarme la barriga de frente y de perfil. Me gusta hacerle fotos y acariciarla. Ver cómo los movimientos de OVObebé forman suaves ondas en su superficie. Me gusta que la gente la mire por la calle y me pregunte, sorprendida, que cuándo salgo de cuentas si está muy grande ya. Pero no soy capaz de dirigirme al pequeño ser que hay dentro. Pienso que ya hablaré con él cuando nazca. Tampoco le he puesto música ni tengo una lista en el spotify que llevarme al hospital.

Quinto: No tengo mi plan de parto preparado. Menos mal que en la cartilla de embarazo hay uno y me bastará con señalar las cosas que quiero.

Sexto: Aún no tenemos claro el nombre del bebé. Y pienso que, si eso, ya se lo pondré cuando le vea la carita.

Algunos «pa luegos» solucionados:

Primero: A pesar de lo mucho que me costó montar el carro del bebé, ayer, una vez instalada ya en la ciudad de Valencia y haberme sacudido de encima la somnolencia veraniega que he tenido en el chalet de mis padres, quité la sillita y monté el capazo que me ha dejado una buena amiga. Y sí, me costó la vida hacerlo. Después puse la bolsa para comprobar si todo junto cabe en el minúsculo ascensor. Y sí. Cabe.

Segundo: Ya hemos comprado la sillita de coche del bebé y la hemos instalado en el asiento de atrás y a contramarcha.

Tercero: He lavado la ropa que me han regalado y que aún no me había decidido a quedarme por miedo a que no le estuviera. Ahora sí que ya no la podré devolver. Le he arrancado las etiquetas.

Y quiero añadir el peto más bonito de todos, el que me está haciendo mi madre en sus clases de patrón de costura:

Cuarto: Ya tengo la maleta del hospital preparada. El jueves tuve mi última clase de preparación al parto y pregunté a la matrona qué debía meter. Me dijo que para el bebé solo la ropa para salir del hospital, así que he metido un conjunto de body y pantalón de talla 1 mes. Y por si no le cupiera, un body, un pijama y un pelele de tallas diferentes. También he metido una muselina para taparlo al salir del hospital, toallitas pequeñas para las babas, un par de calcetines, toallitas húmedas y unas muestras de leche corporal y pomada para zonas delicadas.
Y para mí he metido bragas desechables y discos de lactancia. Y falta por meter unas zapatillas, un par de sujetadores de lactancia, un camisón y mi neceser.

La matrona nos ha dicho que no llevemos manoplas para el bebé puesto que sus manos contendrán el olor del líquido amniótico, y como no se lavará al bebé las primeras 48 horas, ese olor hará salir la leche a borbotones.

Nos ha dicho que no llevemos chupete ni tetinas si queremos dar lactancia natural, puesto que la manera de succionar el pezón es con toda la boca abierta, a diferencia de cómo lo hacen con esos dispositivos artificiales, y podría confundir al bebé.

No debemos llevar cremas, lociones, pomadas ni colonias, ni tampoco aplicárselas en casa durante el primer mes de vida. Si la piel del culito no está irritada no hace falta ponerle nada. Y si queremos que el bebé huela bien, bastará con aplicar algunas gotas de colonia en su ropa. Ni siquiera deberemos lavarlo con jabón, únicamente con agua.

Quinto: Ya me he quitado el esmalte semipermanente de pies y manos. Ya estoy lista y aseada para entrar en un quirófano estéril.

Y bueno, creo que esto es todo lo referente a la semana 37. ¡Nervios, intriga y dolor de barriga!

2 opiniones en “Los famosos “pa luegos””

  1. Coño, tienes muchos frentes solucionados ya!!
    A mí en el hospi me dijeron que no bañáramos a Irati los primeros 15-20 días, por compartir solo.
    Y un consejillo: huélele el cuello en cuanto nazca, es un olor maravilloso que se te queda grabado… A mí m lo aconsejaron y me encantó.
    Ya queda poco, espero que no se haga de rogar y puedas recuperar tu cuerpo en unos días.
    😘😘😘
    FORZA86

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