Los cinco meses de Bebé

Me encanta el concepto de exterogestación, esos nueve meses de crecimiento extrauterino de Bebé porque explica perfectamente esa dependencia absoluta de Bebé hacia mí.

Paridad
De momento paridad solo estoy viendo la que se deriva del verbo «parir», porque en lo que se refiere a igualdad no la hay. No. Es imposible. Y no voy a luchar contra ello.

Bebé se está desarrollando en un medio hostil que es el mundo de fuera del útero y necesita a su madre más que a nadie.

Eso es ansí

El olvido de lo que fue Bebé
Es curioso que, aunque pase 24 horas pegada a Bebé (menos desde que trabajo pero en definitiva, mucho tiempo) crea que Bebé siempre ha sido así, es decir, como lo veo ahora mismo. Trato de recordar la logística que teníamos hace unas pocas semanas, pero como ésta va cambiando de manera perceptible pero sutil, parece que Bebé siempre ha tenido cinco meses.

Bebé está más bonico que nunca, tan gordito, de cara tan redonda y mofletuda, con esa papada que hace que se le hinche el óvalo cuando duerme como las aves hinchan sus buches.

Ahora ya tengo una estrategia más o menos establecida para dormirle. Si antes me pasaba las tardes con él al bracito sentada en el sofá velando su sueño, ahora he conseguido dormirlo en la cama (lo de la cuna ya es otro cantar).

Y la lactancia está tan consolidada que me da hasta pereza introducir la alimentación complementaria, de lo sencillo que me resulta darle el pecho.

Cómo lo hago yo
Tenemos una cuna de colecho a la misma altura de nuestro colchón, pero Bebé prefiere compartir cama. Sobre las siete y media u ocho, después de bañarle, le pongo el pijama entre sollozos, como si éstos fueran el preludio de su sueño. Se suele mostrar muy agitado e inquieto a esa hora como si me estuviera apremiando para ponerlo a dormir. Entonces lo meto debajo del edredón y me tumbo a su lado. Le ofrezco el pecho y él mama. Con la manita que le queda libre me acaricia la piel de la teta o bien la cara, con ese movimiento robótico de quien todavía no controla del todo la articulación de su bracito. Siempre suena la melodía de Brahms de «Duérmete niño» que tenemos en una radio que nos regalaron. Y así se queda dormido.

Suele despertarse al cabo de una hora y se vuelve a dormir cuando le pongo el chupete. Y entonces aguanta dos horas más. Luego, cuando llega mi hora de acostarme, sobre las once, me introduzco en la cama a su lado y me pongo de perfil. El resultado es que tengo el hombro izquierdo machacado.

A lo largo de la noche sus despertares son frecuentes. La mayoría de las veces se suele dormir si le ofrezco el pecho. Algunas veces, las menos, se ha llegado a desvelar por completo sobre las cuatro de la madrugada y tenemos que sacarlo al comedor o Marido o yo.

Conciliación
Me incorporé al trabajo el dos de diciembre, con apenas cuatro mesecitos de Bebé. Como cualquier madre, soy muy sensible a sus necesidades, así que he considerado este un buen momento para incorporarme al trabajo pese al concepto de exterogestación en el que Bebé depende de mí tanto todavía. ¿Por qué? Porque tengo la sospecha de que más adelante hubiera sido mucho más difícil.

Contraté a una niñera, y fue esa, y no el resto de las cuatro que entrevisté, porque se mostró muy dulce y cariñosa con Bebé.

Me levanto a las seis y media, cuando ya mi cuerpo no aguanta la posición lateral izquierda. Me preparo el desayuno y como lentamente. Si Bebé se despierta, Marido lo vuelve a dormir. Me arreglo y a las ocho salgo de casa. Voy a trabajar en bici o metro y a las ocho y media llego al hospital.

Marido se levanta a las nueve y pasea a Bebé hasta que llega la niñera a las nueve y media. Entonces él se marcha a trabajar y ella lo cuida hasta que alguno de los dos llega a casa, sobre las dos o dos y media. Afortunadamente tengo un horario bastante flexible que me permite salir del trabajo si he terminado la consulta o el quirófano, tanto si es la una como si son las tres.

La niñera lo suele vestir con la ropa que ella decide. Sé que hay madres a las cuales elegirle la ropita al Bebé cada mañana es un placer. A mí no me importa que lo haga ella.

A la niñera le da tiempo a limpiar, cocinar la comida de mediodía y planchar. Bebé hace siestas a lo largo de la mañana que le permiten hacer todas esas cosas. Si lo nota muy inquieto lo pasea. En cualquier caso, Bebé tiene prioridad frente cualquier otra actividad. A las doce le da la papilla de cereales con mi leche o con agua mineral. También la ha mezclado alguna vez con leche de fórmula. El resultado de haber introducido la papilla ya es el estreñimiento de Bebé: si antes hacía caca después de cada toma, ahora se tira días sin hacer nada.

Ayer le estimulamos el recto con el termómetro y tuvo una explosión de caca, pues llevaba cuatro días sin evacuar.

Pero era eso o la inanición ya que no quiere biberón.

También le he dado alguna pieza de fruta para chupar: manzana, pera, plátano y mandarina. Y ha probado la papilla de esas cuatro frutas.

Pero su alimentación principal sigue siendo la teta.

Hay días que está más agitado con la niñera, sobre todo los lunes cuando viene de pasar el fin de semana pegado a mí. Y también lo notamos en las noches: hubo un par de semanas en las que su adaptación a la nueva situación se hizo patente con despertares superfrecuentes acompañados de llanto.

Pero lo habitual es que con ella esté tranquilo y hasta simpático, con risotadas que ella me va contando por WhatsApp.

Y cuando llego a casa…
Si Bebé no ha mamado nada por la mañana, al final de mi jornada de trabajo tengo las tetas a reventar. El otro día sin ir más lejos dejé a mi compañero a mitad de frase mientras exploraba el fondo de ojo de un prematuro porque tuve que irme a sacarme leche a una habitacioncita donde se almacenan cosas.

Regreso a casa en bicicleta o metro y cuando entro al portal, me quedo quieta: si no oigo nada es una buena señal. Si oigo a Bebé llorar se me enconge el alma.

Lo habitual es que esté tranquilo en brazos de Marido o de la niñera. Y al verme se le ilumina la cara de tal modo que me emociono. Agita sus bracitos arriba y abajo y a veces hasta hace pucheritos. Lo cojo enseguida y lo achucho que da gusto. Entonces se ríe y me busca el pecho.

Así es como lo hacemos en el momento actual. Cada vez controlamos más la situación e improvisamos menos. Cada vez conocemos más al niño y sabemos atender sus necesidades mejor, sin la duda de si lo habremos interpretado bien o no. Si ahora mismo tuviera otro recién nacido notaría mucho la diferencia entre ser o no primeriza.

Y en un futuro…
En mi futuro inmediato hay unas oposiciones a las que presentarse, que probablemente sean en 2020, y unos embriones congeladitos que nos esperan. Probablemente la decisión de ir a por uno de ellos esté supeditada a la fecha del examen. O tal vez nos decidamos a ir a por ellos a final de año, porque me da miedo que no implanten a la primera y necesite varios intentos, o que los embriones no descongelen bien.

En definitiva, todas esas incertidumbres de infértil que se olvidan cuando veo a Bebé.

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