La maternidad era esto II

«Ay pena penita pena, penaaa. Pena de mi corasón».
Y es que… No lo puedo evitar: me da pena Bebé. La palabra que más he pronunciado desde que ha nacido es «pobrecito». Se le veía tan pequeño e indefenso los primeros días de vida, con su cara a la expectativa de lo que pudiera pasar en su recién estrenada vida.

Cosas que actualmente me siguen dando pena.

1) Me da pena que Bebé vaya en el carro. Es así. Pienso que su libertad está constreñida. Primero empecé por levantarle la cabeza en el capazo poniendo una muselina debajo del colchón. Y posteriormente retiré el capazo y lo puse directamente en la sillita.
En una de las tiendas de productos de bebé a la que fui para informarme sobre carritos, el dependiente me dijo que el capazo solo se usa en España. Que en el resto de países europeos usan la silla directamente colocada de manera horizontal.
Así que así puse a Bebé: directamente en la silla colocada de manera horizontal.
Después le compré un colchón porque sino la superficie era demasiado dura.
Ahora lo he sustituido por el saco de invierno.
Y la sillita está colocada en vertical: a pesar de sus tres meses de vida, Bebé ya va en la sillita como los niños mayores.

2) Me da pena que Bebé solo beba leche. Es así. Pienso que le apetecería probar nuevos sabores y texturas. Cuando está cerca de la comida parece querer abalanzarse sobre ella, o al menos es la impresión que tengo. Además, cuando mama oigo crujir sus tripas y pienso que cómo va a saciarle un alimento líquido. ¿Cuánto tendría que beber para no quedarse con hambre?

3) Me da pena que Bebé duerma en su cunita, solo. Y de esa manera me paso el día cargando a Bebé a bracitos. Unicamente no me da pena por la noche. Lo acuesto a las nueve, después del baño y la teta, y se duerme profundamente hasta las doce en que hace su primera toma, y así tres veces más. Cuatro tomas nocturnas en total, entre las cuales duerme profundamente y nosotros también.

4) Me da pena que Bebé esté en brazos ajenos. Es así. Ahora ya tiene apego hacia mí y hace pucheritos cuando lo cogen amigas mías. Sobre todo si estamos en un ambiente ruidoso y fuera de casa. En un lugar más tranquilo sí tolera que lo cojan mis hermanas, mi cuñada o mi suegra.
El otro día mi padre vino a casa y lo cogió mientras yo hacía la comida y también hizo pucheritos. ¡Está tan mono con esa carita de pena! Y al mismo tiempo me conmueve tanto.
Si lo coge mi madre sí se le nota más a gusto.
De todas formas tiene sus momentos. Por las mañanas, cuando se despierta sobre las seis o siete y Marido lo saca al comedor para dejarme dormir a mí un poco más, sí tolera que lo coja él.
Pero hacia el anochecer, después de bañarlo, protesta enseguida porque quiere teta y que le duerma yo.

5) Me da pena que Bebé no sepa jugar o entretenerse con algo. Y pienso que se aburre en su vida de Bebé. Yo le enseño juguetes de bebé que le regalaron y ni siquiera sabe cogerlos aún. Extiende los brazos pero no los dedos, así que sus manos parecen dos muñones. A veces se le engancha algún accesorio en un dedo por casualidad y se lo lleva a la boca, pues es con las encías como Bebé descubre las formas y texturas. Y ahora babea mucho. Ha descubierto sus manos y las tiene constantemente en la boca. Se mete casi el puño entero.

6) Me da pena que Bebé tenga que llevar pañales. Los pañales hacen que Bebé tenga que tener las piernas separadas para que quepan. Son incómodos de usar. Además, como Bebé tiene el abdomen voluminoso, la talla tres ya le está algo estrecha a nivel de la cintura, pero luego el resto de pañal le cuelga por detrás. Y ni imaginarme puedo la sensación de humedad que tiene que tener cuando se caga o mea y no lo cambiamos inmediatamente.

7) Me da pena cuando a Bebé se le ilumina la cara al verme porque su mundo está reducido únicamente a mí. Y pienso que el mundo es enorme y él aún no lo sabe. Y pienso en los otros bebés que existen actualmente y con los que Bebé trabará amistad dentro de unos años. Y probablemente en sus relaciones siempre busque esa sensación de «llegar a casa» que produce la primera relación con los padres y que tanto nos marca y nos modela y que luego desaparece y que es tan difícil volver a reproducir en el mundo adulto.

Y así estamos, en un continuo «pobrecito» que me parte el corazón todo el rato, volviéndome yo también un poco niña desde que lo tengo a él, con las ilusiones y los miedos propios de la infancia.

4 respuesta a “La maternidad era esto II”

  1. Ui,ui,ui… nada de pobrecito! básicamente es un bebé, su cerebro no está lo bastante desarrollado como para pensar o sentir tanto…. su mundo se reduce a verte a ti, comer, dormir, cagar y mear, y ya está, eso es todo….
    Ya tendrá otras motivaciones cuando crezca, y las notarás, vaya si las notarás…
    un abrazo!

  2. Qué bonito ❤
    Esa carita de pena es lo más, los primeros pucheritos son para congelarlos. Lo que más pena da es que crezcan tan rápido, en nada estará pegando manotazo a la comida . Y ni te cuento la pena que da que todos esos detalles se te olviden a medida que quemas etapas, este post es un tesoro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.