Mi postparto: Esta no es otra historia de terror sobre el postparto

Durante mi embarazo he leído muchos blogs de maternidad. Salvo la amenaza de aborto que tuve en el primer trimestre y la placenta previa marginal del segundo, el mío ha sido un buen embarazo: el bebé crecía correctamente, a la par que la barriga; no ha habido síntomas de parto prematuro y yo he tenido mucha energía durante los nueve meses. El último mes, eso sí, me veía muy limitada por el edema de pies y piernas y por el tamaño de la panza y he de decir que estaba deseando parir.

El parto lo narré aquí. Y aunque aún me falta un post sobre los días en el hospital, pues los recuerdo tan especiales que no quiero que se me olvide nada, he preferido escribir primero sobre esa palabra tan temida y odiada: el postparto.

No es para tanto

Estaba aterrada. Aterrada por los días consecutivos al parto. Y es que ha habido un viraje que ha consistido en pasar de edulcorar la maternidad y todo lo que conlleva, a narrar únicamente lo malo.

Me encuentro en mi décimo día postparto. Y no sé si será debido a la oxitocina, pero no refiero ninguna queja en especial.

Esperando las señales

Todavía estoy esperando alguna de las inconveniencias del puerperio. Acojonadita, por si acaso las diré con la boca pequeña:

-Caída de cabello:
Durante el embarazo he tenido un pelo abundante y sano. Y de momento sigue así. El otro día fui a la peluquería (sí, con un bebé recién nacido pude ir a la peluquería) y me lo cortó y saneó. Y de momento sigo sin esos mechones a puñados de los que me habían hablado.

La persona que limpia en casa, Mar, me ha dicho hoy que si el bebé se mete los puñitos en la boca a la mamá se le caerá el pelo. De momento Bebé no se mete demasiado los puñitos.

-No poder leer o ver series/películas
Quizá sea porque es pequeño y manejable, o que Bebé solo protesta para comer. Pero de momento he visto varias películas y alguna que otra serie. El otro día, en la matrona, nos encontramos con unos amigos de Marido que soltaron la tan manida frase: «Llevamos 3 años, desde que nació nuestro hijo, sin poder ver una película o serie, y ni mucho menos leer un libro». Realmente nos quedamos perplejos. ¡Hasta escribir post puedo!

-No poder ir a la peluquería
Lo dicho. Tan sencillo fue como llamar, pedir hora, y dejarle Bebé a Marido durante la hora que estuve allí.

-Sentir una profunda tristeza (blue days)
Salvo un momento de crisis el día que llegamos a casa (una viene tan cuidada del hospital con Madre, Suegra, hermanas, Marido y amigas varias que se siente algo desprotegida al ver la casa vacía y una convertida en su nuevo rol de madre) no he vuelto a sentirme desprotegida o desbordada. Bebé nos lo pone bastante fácil. Una vez me he hecho a la idea de que la lactancia materna exclusiva es eso, exclusiva, y el rol de la madre es insustituible por el del padre, y Bebé me reclama muy a menudo y siento que estoy constantemente dándole de mamar, todo me está resultando bastante llevadero. Hasta el no dormir.

-Crisis de pareja
Sé que es pronto aún para hablar de puerperio propiamente dicho. Diez días. Pero salvo una discusión el día que llegamos a casa, no hemos vuelto a pelearnos. Marido tiene su baja de cinco semanas y nos entendemos muy bien. Cocina, limpia y ordena. Se ocupa del bebé los ratitos que éste no quiere mamar para cambiarle o bañarle. Creo que esta experiencia nos está uniendo más.

-No dormir más de ocho horas seguidas
Mi cara parece un poema, entre el tono apergaminado y las ojeras. Creo que hasta se me notan más los pómulos y he perdido por completo el bronceado tan bonito que tenía antes de parir. Y es que duermo poquísimo y todavía no he cogido la costumbre de «dormir cuando duerme el bebé». Así que, cuando duerme el bebé, yo aprovecho para ordenar, escribir, leer y ver series y películas, resistiéndome a acoplarme al nuevo ritmo de vida que requiere la maternidad.
He tenido insomnio durante todo el embarazo y creo que ya venía acostumbrada de antes.
Poco a poco. El día que caiga realmente exhausta mandaré mi anterior vida a la porra y dormiré cuando lo haga el bebé.

-La vida te va a cambiar por completo
Vivo con un nudo en el estómago como de enamoramiento hacia Bebé. Pero aparte de eso, nosotros salimos a pasear todos los días un ratito como solíamos, incluso hemos comido en un par de ocasiones en un bar (y es que Bebé se duerme tan a gusto al carrito que comemos mejor fuera de casa que en ella). A pesar del calor nos gusta tomar algo en una terracita con amigos. Nos hemos desplazado en coche con el pequeño al chalet de mis padres y no ha habido ningún problema. Incluso iremos a la playa a visitar a unos amigos. Eso sí, Bebé y yo nos quedaremos en el apartamento.

-Cambios físicos insoportables
1. La cesárea es una cirugía mayor. Como tal, requiere una recuperación progresiva. Pues bien, tal vez debido a que el cuerpo está hormonado a tope para ocuparse del bebé, pero la recuperación está siendo bastante rápida. Ya puedo hacer fuerza con el abdomen para incorporarme del sofá y de la cama e ir al baño. Ya puedo caminar erguida. Y las grapas me molestan solo si me rozan la zona. Tenía miedo a no poder ocuparme del bebé tras la cesárea pero no ha sido así.

2. La barriga está fláccida y aún es gorda. Si toco la piel no la reconozco, porque además parece acorchada. El tacto no es el mismo de antes de quedarme embarazada. Pero no me importa. Me digo que ya volverá al sitio en algún momento.

3. Sigo con pérdidas de sangre diarias. En ocasiones hasta coágulos. Las compresas de algodón no tienen adhesivos para engancharse a las braguitas, por lo que ando lavando a mano mis braguitas día sí, día también.

4. Estoy amarillenta y me noto débil. Mar la limpiadora, al verme hoy por primera vez desde antes del parto, me ha preguntado si es que perdí mucha sangre en la cesárea. Es posible, no lo sé. Creo que la anemia que tenía durante el embarazo se ha agudizado, porque en ocasiones al salir a la calle siento que no voy a ser capaz de empujar el carro ni de llegar a la siguiente manzana. Se me olvida tomar las vitaminas y el hierro. Así que voy a ponerme en serio con ello para coger fuerzas. Cada vez las distancias se me hacen menos largas. Cada vez me noto más recuperada. Pero lo estoy tomando con paciencia y considero que forma parte del proceso de recuperación normal.

5. Las tetas gotean leche de manera imprevisible. Si le doy de mamar de una mama, la otra empieza a gotear y en ocasiones la mancha de leche llega hasta la cintura. Mis camisas siempre tienen manchurrones de leche y la casa entera huele a leche. Pero de momento me parece un olor maravilloso.

6. No sé si será debido a la bajada de defensas por la cirugía, pero me ha salido un golondrino en la axila izquierda y una foliculitis importante en el labio mayor derecho, es decir, una infección del folículo piloso del vello púbico. Ya se me irá, supongo.

-Lactancia Materna Exclusiva (LME)
Había oído aterradoras historias sobre la LME.
A Madre y Hermana Mayor no les salía casi leche, por lo que se pasaron a leche de fórmula enseguida.
Una amiga de Hermana Mayor que ha sido madre reciente lleva confinada en casa desde hace un mes tratando de instaurar la LME con su bebé con auténticos problemas para ello, y hasta con la necesidad de recurrir a una sonda de alimentación para evitar de momento el biberón y que el bebé se acostumbre a los pezones de su mami. También ha tenido grietas que le han hecho llorar de dolor al amamantar a su hijo. Todo ello acarrea frustración y tristeza en la madre y el bebé.

Pues bien, al sacar a Bebé y ponérmelo encima, se enganchó a la teta enseguida y de momento no hemos tenido ningún problema.
La subida de la leche tuvo lugar a los cinco días tras el parto y Bebé se queda saciado porque tengo abundante leche, a diferencia de Madre y Hermana Mayor.
Tuve un dolor inicial en el pezón izquierdo pero ya se ha pasado.
Y salvo alguna duda que otra (como qué teta darle cada vez, o si darle de ambas tetas en cada toma puesto que mi matrona es partidaria de que el bebé vacíe el pecho entero, ya que es la leche del final la que contiene mayor cantidad de grasa y glucosa, y si se engancha a la otra teta bien, y sino también) lo estoy haciendo todo de manera bastante intuitiva.
He empezado a asistir a un taller de lactancia los miércoles de doce a una y ahí puedo preguntar todas las dudas y compartir experiencias con otras madres.

Conclusión

Sé que es pronto todavía para cantar victoria, pero mi experiencia está siendo bonita y muy especial.
No quiero que pasen los días y cualquier cambio en el pequeñín me acongoja por si el tiempo pasa demasiado deprisa.
Adoro su carita rosada de feto, o los morritos que pone después de mamar cuando suelta el pezón como cansado y permanece exhausto y feliz de estar con su mami. Adoro los mofletes que adoptan todas las formas imaginables como si fueran blandiblu cuando se apoya en mi pecho para mamar o en su manita para dormir. Y nunca le dejo pasar de las primeras protestas porque no soporto el llanto inconsolable. Y es que los bebés carecen de las técnicas de manejo del estrés que nosotros sí poseemos, y ese llanto inconsolable los inunda de cortisol y adrenalina, tan dañinas para su personita en ciernes.

Marido me dice que no me pase de optimista en este post.
¡Tal vez esté hablando la oxitocina por mí y la semana que viene os relate cosas bien diferentes! Pero hasta entonces, trataré de disfrutarlo.

2 respuesta a “Mi postparto: Esta no es otra historia de terror sobre el postparto”

    1. Eso mismo pensaba yo al escribirlo, estaba harta de leer tantos y tantos blogs terribles sobre suelo pélvico, lactancia materna del horror etc. Ojalá puedas contarlo prontito.

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