El anti-post

He decidido llamar a este post «el anti-post» porque aquí vengo a hablar de cómo estoy llevando yo la cosa esta de la maternidad, siguiendo mi instinto que a su vez se habrá forjado a base de la educación recibida y de cómo venía yo de fábrica a partir de la madre que me parió. Y puede que algunas de las cosas que digan resulten «impopulares». [¿Por qué todo lo impopular se asocia con el conservadurismo?]

Paso del BLW

Como digo, ser madre no es difícil si sigues tu instinto. Que se no te quede la espina clavá, que es la manera que tiene el cuerpo de decirnos «en el fondo yo quería esto y no lo otro».

Lo poquito que puedo haber contribuido en la educación de mi sobrina me ha gustado. He sido una tía de las de dejar al bebé explorar y ya si eso me anteponía al peligro [si lo había] para protegerla. Pero nunca he sido de anticipar el peligro en un ejercicio de imaginación de esos de la gente superagorera.
Ejemplo: si paseábamos por el campo por una zona con arbustos y sin un camino claro trazado yo la dejaba explorar el terreno, tocar las plantas, chuparlas, experimentar con la tierra, con las piedras, coger insectos en la palma de la mano. Si veía que se quería introducir algo a la boca se lo impedía. Sencillo.
En eso he salido a mi madre. Y esta forma de educar suena a la modernez esa de Montessori (aunque data del siglo XIX) con la que me meteré luego.
Pues no, no he leído ni un párrafo acerca de Montessori y otras corrientes no por alternativas, menos elitistas (y es que todo lo que tenga adjudicado el título Montessori vale un huevo: juguetes, escuelas, etc).

Tenía unos amigos muy hipis que hace diez años también educaban a sus hijos de una manera muy libre. Les dejaban comer la comida con las manos, y aún recuerdo ese primer plato de paella que se comió su hija donde había granos de arroz por toda la mesa del restaurante. Y también recuerdo que se llevaban detrás una pequeña tienda de campaña donde acostar a los niños donde les pillara la noche, fuera en casa de unos amigos o de excursión. Y los niños dormían así, sobre una colchoneta. Ellos no tenían un duro para gastar así que dudo que se unieran a las líneas de educación alternativas.

Mi madre también era muy Montessori y cuando terminábamos de jugar decía: «yo cierro los ojos y a ver si vienen los duendecillos a recogerlo todo». Y con ese truco engañabobos nos tirábamos a recoger como locos los juguetes, peleándonos por quién recogía más y mejor.

Estos ejemplos ilustran el cómo educamos en base a lo que nos sale de dentro.

Pues bien. No me sale de dentro que mi hijo coma sólido. Alguna vez le he dado a chupar un gajo de mandarina, pero estoy tan alerta por si la resbaladiza fruta se le escapa de los deditos en proyectil y va a impactar directa a su laringe ocasionándole un ahogo y muerte prematuros que al final acabo por quitárselo. Luego cojo otro gajo, muerdo un extremo para que él acceda al jugo con más facilidad, se lo doy y ya estoy con veinte mil ojos sobre el gajo, sus dedos y su boca que acabo por quitárselo.

Pues eso. Mis coronarias me agradecerán el no darle sólido a Bebé.

Resulta que he comprado una vajilla de silicona compuesta de plato, bol y vaso, que lleva una ventosa en la base, y yo ignoraba para qué servía la ventosa si siempre se pega a la base del microondas, a cualquier superficie plana cuando voy a fregarla e incluso al suelo del armario donde la guardo. Pues bien. La vajilla sirve para practicar el BLW porque así el bebé puede coger la comida de la misma sin que ésta se mueva un ápice. Ahora lo entiendo.
Pues la compré porque me parecía blandita y mona, y ya está.

Hemos hecho potitos caseros con una mezcla triturada de calabacín, zanahoria, judía verde y pollo o ternera. Y triturada y bien triturada. Y la vuelvo a triturar. Y la guardo en mini tupers en el congelador de unos 150 ml cada uno. La cuidadora le da a Bebé religiosamente su potito todos los días a las doce del mediodía. Y así triturado y meloso le gusta y lo devora.

Punto y final. No quiero que mis coronarias se vean dañadas en el glorioso arte de alimentar a nuestros hijos.

Que sí. Que el BLW es una manera de experimentar con la comida, con las texturas, con los sabores. Me parece estupendo. A mí no me gusta que Bebé se ponga todo perdido durante la comida. Me da pereza que te mueres cambiarlo de arriba a abajo, si ya con el potito ultra triturado se suele manchar porque le gusta tocar la comida de la cuchara con las manos y metérselas a la boca [cosa que sí le dejo hacer].
Y lo siento, ver a un bebé con un tronquito de brócoli en la mano me da como penica. ¿Brócoli? Pobrecillo. Que a mí me gusta el brócoli, pero a tanta gente no, y ahora está como muy de moda. Hay hasta mordedores que imitan verduras y los hay imitando al brócoli. Con ese olor a pedo que produce el brócoli. Visualizo a Bebé comiéndose un tronquito de brócoli en su vajilla de silicona adherida a la mesa con la ventosa y me da no sé qué.

También le he dado a probar manzana sólida y plátano sólido. Y lo mismo. Me estreso mucho. Prefiero la manzana asada y el plátano en forma de papilla. ¿Y un cacho de pan para roer?. Pues también me da miedo.

No soy de la liga anti-azúcar

El otro día fui a una cafetería que se llama Dulce de Leche de aquí del barrio con un muestrario de pasteles de película de Disney. Hay tartaleta de fresas y nata, lemon pie, berlinas con dulce de leche, croissant con chocolate y banana, tarta de manzana, rollitos de canela y un sinfín de dulces más. Pues bien. Pedí un lemon pie que no sabía lo que era. Parece un montón de merengue sabor limón sobre una base de galleta. Lo primero que hice cuando metí la cuchara en la espuma blanquecina fue darle una cucharadita a Bebé. Me salió del alma.

¡Crucificadme!

Pero aún hay más: el otro día tuve un antojo muy grande de donut, el típico donut de envase de plástico chungo, nada de berlinas de pastelería. No. El típico donut hecho con aceite de palma de coco y azúcares a gogó. Pues mi padre que a veces me mima mucho bajó a por varios paquetes. Y mientras comía uno de chocolate vi la cara de Bebé mirándome con esos ojos lastimeros que utiliza cada vez que como y que tan culpable me hace sentir. Pues ahí que le dí un trozo de donut de chocolate masticadito de mi boca. ¡Se volvió loco de placer! Pedía más y más y se abalanzaba sobre él. No le di más que un poco claro.
A estas alturas veo a muchos de vosotros santiguándoos y rezando por la salvación de mi alma.

Calma. Solo han sido un par de veces. Y sí, no recordaba que el merengue lleva clara de huevo y la pediatra me ha dicho que debo empezar por la yema. Y sí, los donuts son veneno puro.

Pero Bebé ya ha perdido su virginidad con el azúcar.

Odio el colecho

Sí, aunque lo practique lo odio. ¡No cabemos en una cama de 1,50! No y no. Demonios. Es que acabo dolorida del costado izquierdo. Con calambres en el brazo. La mano dormida. Y si trato de ponerme boca arriba mi cabeza se encuentra entre las dos almohadas así que tengo que girar el cuello para colocarme sobre la almohada del lado de mi cama que es donde está Bebé, así que como no soy de plastilina me vuelvo a poner del costado izquierdo y sigo insomne perdida. Al final o me voy yo al sofá o Marido duerme desde el principio de la noche en él. Pero yo no quiero dormir separada de Marido. Nunca imaginé que yo fuera de esas mujeres que destierra a sus maridos ante la llegada de un Bebé.

Pues lo soy. Y lo odio.

No me voy a leer el libro Montessori que me ha regalado mi tía.

Pues sí. Esta Navidad la única persona que me regaló un libro fue mi tía. Me alegré mucho cuando vi el regalo con el papel granate típico de la librería Tirant Lo Blanc. Pero al abrirlo… Vaya desilusión. ¿Montessori? Menudo coñazo. Que si juguetes muy extraños para jugar sin formas concretas de nada, que si vasijas muy extrañas para jugar, que si juegos que no son nada del otro mundo si al final con un poco de imaginación te lo pasas bien como sea. Que si un lavabo para ellos, una habitación Montessori con su tienda india mega chula. ¿Y lo de dormir en el suelo? Amos anda. Con la de corrientes de aire que hay por el suelo, y la de bichos inmundos.

Todo esto son teorías mías de lo que pondrá en el libro, ya que, repito, ni lo he abierto.

No quiero tener nada que ver en las cosas de la guarde

Si alguna vez llevo a Bebé a la guardería, cosa que no está clara ya que no descarto quedarme con la cuidadora-limpiadora-cocinera-planchadora mucho tiempo y hasta la escolarización obligatoria, os aseguro que no querré ni hacer fallas, ni hacernos fotos con la mascota ultra desgastada de la clase, ni hacer manualidades absurdas que un niño de meses no puede hacer ni entender, ni meterme en el grupo de wasap de padres de niños de un año.

Ya tengo amigas con hijos, las del taller de lactancia, y con ellas me desquito de las cosas de la maternidad. También tengo amigas estupendas que he conocido en estos áridos mundos de la infertilidad, y con ellas me desquitaba durante la fase chunga de preñarme.

Yo quiero una guardería que «guarde» a Bebé hasta que llegamos a casa de trabajar y lo tenemos con nosotros. Y punto.

Y bueno, por hoy basta de tips impupulares… Y ya si eso votadme en los premios Madresfera, que después de este post me lo he ganado.

2 respuesta a “El anti-post”

  1. Jajaja. Me parto contigo. Yo creía que era un bicho raro, porque tengo algunas ideas parecidas a las tuyas, pero veo que no soy la única. Vamos, que si hago un comentario delante de la gente que aplica las técnicas de crianza «de toda la vida», gual me queman por bruja, pero para el poquito tiempo del que dispongo para estar con mi bebé, solo faltaría que no pudiese cuidarlo como a mí me parezca mejor. Así que digo «amén» a todos los consejos que no he pedido, y luego hago lo que me da la gana sin ningún remordimiento. Creo que nos lo hemos ganado. Un beso y sigue siendo tan genial.

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