Delito de colecho

O delirio de colecho. Ambas son aceptables. La primera, porque me juré a mí misma que nunca practicaría el colecho, esa locura enfermiza de madres que no son capaces de separarse de sus retoños ni para dormir. Esa dependencia insana. Esa práctica a la que he sucumbido, o a la que Bebé ha conseguido de manera subrepticia que sucumbamos (de sobra es de todos conocido que los bebés de cinco meses manipulan a las madres con el bracito, la teta y el colecho).

Y la segunda acepción es porque deliro con el colecho. Pero de felicidad suprema. ¿Cómo no lo he descubierto con anterioridad?

Cunita de colecho pa ná.

Cuando nació Bebé me dejaron la cuna de colecho Next2Me, de la marca Chicco. Al principio la puse pegada a la cama, así, con la boca pequeña, sin tener muy claro si aquello me resultaría cómodo. Pero no la atamos a la nuestra con las correas, para de ese modo poder retirarla cuando quisiera. El bebé mamaba muy a menudo y yo me lo colocaba sobre mí en un sencillo gesto de girar mi tronco de derecha a izquierda, alzarlo y volcarlo en mi busto, tris tras. Pero conforme éste creció y aumentó de peso y tamaño, cada vez me resultaba más incómodo incorporarme y trasladarlo desde su cuna hasta mi lado de la cama. Finalmente, le puse la barrera a la cuna, la separé de mi cama y de ese modo me tenía que poner de pie para sacarlo cada vez que quería darle de mamar, sentadita en el borde del colchón, ya que su peso es tan ingente que hacerlo recostada me resultaba incómodo.

He estado haciéndolo de esta manera durante tres meses. Tres largos meses en los que, en contra de lo que dice internet, el bebé no prolonga sus horas de sueño más allá de dos horas seguidas. Mis despertares eran, por tanto muy disruptivos, si tenía que ponerme de pie para sacarlo de la cuna, sentarme en el borde de la cama, darle de mamar y volver a acostarle.

El ni se enteraba, eso sí.

Así que bebé feliz, mamá feliz…

¿O no?

Pues no. Llegó un momento en que sus despertares eran tan frecuentes [o tal vez igual de frecuentes, pero cuando pasa un tiempo en que la tortura física de no dormir se prolonga, la mente lo hipertrofia todo], que me planté: así no podíamos seguir. Y coincidió que empecé a trabajar el día dos de diciembre, no en aquel hospital situado a una hora de mi ciudad, si no en otro a dos kilómetros de casa al que acudo en bicicleta y feliz.

[Fui valiente al dejarme el trabajo anterior, porque me ofrecieron enseguida tres trabajos entre los que pude elegir, y finalmente me decidí por este último].

Pues bien, la primera semana fue de prueba. Seguíamos con el mismo sistema de dormir tan incómodo para mí.
Bebé se duerme pronto, entre las 19.30 y las 20.30. Aunque haga siestas de dos horas esa es su franja de irse a dormir porque así lo ha interiorizado.
Se duerme temprano, relajado en mis brazos, lo paso a su cuna… Y ahí empiezan los despertares. El primero a las dos horas, y de ahí en adelante, durante toda la noche.
Ir a trabajar sin haber dormido más de dos horas seguidas es terrible. Nunca había experimentado algo así.
Le había cogido manía a mi sistema de levantarme de la cama, coger al bebé, sentarme en el borde del colchón y darle de mamar. Le había cogido manía hasta a la distribución de la habitación, como si por algún motivo esta fuera algo inamovible.

Un nuevo feng shui

Así que decidí instaurar un cambio: puse la cuna en el otro extremo de la cama (el que hasta entonces había sido mi lado de la cama, el lado derecho si se la mira de frente). Y descubrí que, al ser diestra, me era más cómodo coger al bebé desde ese lado. Colocamos la cuna pegada al colchón de nuevo, pero no de la forma en que lo hicimos la primera vez, sino poniendo la cabeza del bebé a la altura la mía —anteriormente estaba mucho más abajo—
¡Y voilà! Se obró el milagro: cuando Bebé llora lo cojo con mayor facilidad, lo coloco junto a mí, le ofrezco el pecho tumbada (algo que tampoco sabía hacer), mama un poquito (está claro que quiere mimitos muchas veces), termina de mamar, sigue durmiendo, y lo vuelvo a colocar en su cunita.

No es oro todo lo que reluce

Así ha sucedido un par de noches. La realidad es que Bebé no es Bebé si no Bebón, o Bebeloncio, como dice Marido. Y el simple hecho de trasladar su cuerpo de mi colchón al de la cuna de colecho, por muy a la misma altura que estén ambos, hace que se despierte. Empieza a agitar sus bracitos arriba y abajo como si estuviera tratando de alzar el vuelo, y lo cojo de nuevo y lo coloco junto a mí. Aunque trate de dejarlo boca arriba en la esquina para poder caber los tres con holgura, Bebé acaba en mi lado de la cama y en posición lateral, y yo en el centro de la cama también en posición lateral mirándolo a él, y Marido exiliado al canto de las antípodas de su colchón.

Mi brazo acaba con hormigueos debido a la postura incómoda. Me despierto continuamente pensando que voy a arrancar alguna extremidad de Bebé. Y este se sigue despertando cada dos horas para mamar.

El horror es menos horror

Aunque no es una solución mágica ni favorable para todos (Marido ha acabado más de una vez en el sofá) sí es menos molesta que la anterior. Mi idea es seguir dejando a Bebeloncio en su cuna cuando termina de mamar, pero éste protesta porque quiere estar en mi cama. Como pongo su cabeza directamente en el colchón, y no en mi almohada, no puedo taparme el brazo con el edredón porque si no lo asfixiaría a él, así que paso frío. Y como él lleva un saco para cuando se obra el milagro de que sí aguanta en su cunita sin llorar, debajo del nórdico se achicharra.

La pediatra me dijo que no es posible que se siga despertando tan frecuentemente para mamar. Yo intento calmarle poniéndole el chupete, y alguna vez ha funcionado. Y últimamente lo que hago es darle besitos pequeñitos por toda su frente y así deja de protestar.

Independencia

Estamos reformando el piso que hemos comprado, y cuando Bebé tenga habitación (de momento en este piso no la tiene) lo independizaremos. Tenemos la opción, ya que hemos tirado todos los tabiques, de mantener una apertura entre ambos cuartos para que no sea tan costoso ir a consolarle cuando llore.

A veces creo que se despierta tanto porque me huele junto a él. Esta mañana hemos dormido de 7 a 11, cada uno en su lado de la cama (y marido en el sofá) y no se ha despertado ni una sola vez.

Seguiremos mejorando la técnica hasta que Bebé tenga su habitación. Porque Marido no puede estar desterrado en el sofá cuando no quepamos los tres en la cama.

Pero de momento puedo decir que sí, que practico el porteo, la lactancia materna exclusiva, y el colecho.

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