Cosas de mi bebé que me parecen ultra bonicas

No soy de Murcia. Pero el «bonico» se utiliza mucho en Valencia. En realidad si nos ceñimos a su significado quiere decir «bonito» en castellano al traducirlo del valenciano. Pero en mi mente, «bonico» es un bonito a lo murciano. Algo muy entrañable. Algo adorable. Lo que pasa es que las dos palabras previas me parecen muy cursis.


Los siete meses de Bebé
Bebé está para comérselo. Lo miro de lado y de costado, de frente y de perfil, y no puede parecerme más «bonico». Tiene una enorme cara redonda con los apéndices concentrados en la parte inferior del rostro y una amplia frente coronada por una raiz del pelo en forma de uve. El pelo es escaso y rubio.
Sus ojos son rasgados y añiles, que para quien no lo sepa viene a ser como el azul del mar más que el azul del cielo (del mar ese que se ve al fondo de color azul oscuro, azul marino).
Su mirada es pícara cuando sonríe. Pero demandante cuando protesta. Y expectante cuando me mira serio y quieto (este bebé casi nunca está quieto y para él es un estado excepcional). Como de dependiente. Como de decir: a ver qué vas a hacer ahora conmigo… Que hagas lo que hagas me parecerá bien.

Las cosas bonicas de Bebé.
1. Me chifla el olor de su sudor. Cuando era pequeña y algo nos parecía muy bonico (un gatito pequeño, un dibujo animado gordito) decíamos que olía a pollito. Pues así me parece que huele Bebé: a pollito. A peluche. A carne secada al sol.

2. Cuando mastica las escasas cosas sólidas que le doy (migas de pan, una hebra de pollo si no he triturado suficientemente bien el potito) abre la mandíbula muchísimo como si tuviera un gran bocado. Mastica una y otra vez de una manera realmente bonica, rebonica y adorable.

3. Cuando prueba algo nuevo, aunque luego acabe gustándole, hace muecas bonicas de verdad. Aprieta los labios y sube la cabeza. Entonces se aprecia su moflete gigante recortado desde abajo y su papada se alisa un poco. Abre mucho los ojos y me mira como esperando mi aprobación. ¿Puedo comerme esto sin que me pase nada malo? A mí me entra la risa, claro.

4. Cuando llego de trabajar y me ve se emociona muchísimo. Yo me quedo parada en la puerta y le llamo: Pequeñín, gordín. Y él se ríe y hace aspaviento con sus bracitos, y me llama, y si tardo mucho en acudir lloriquea. Me muero de lo bonico que se pone requiriéndome.

5. Cuando lo duermo (mamando, porque no conozco otra manera de dormirlo) me muero de lo bonico. Abre su boquita alrededor de mi areola mamaria. De nuevo aprecio el moflete gigante de perfil moviéndose mientras deglute la leche. Y con la mano que le queda libre me acaricia la cara, me espachurra la nariz, me pellizca la carne de la barriga, pasa el bracito por mi tronco, por la otra teta, por mi cuello, de nuevo por mi cara. Me parece lo más bonico de este mundo.

6. Cuando lo duermo luego de mamar me doy cuenta de que ha subido sus piernecitas sobre las mías. Y estamos los dos superentrelazados. Yo que siempre he detestado el contacto físico me paso el día contactando con Bebé y me encanta y me emociona y lo necesito también ahora. Y cuando llora al cabo de un tiempo de haber dormido y me acerco a la cama, a veces solo con sentir que soy yo la que está a su lado se calma. No se calma con papá. Sino conmigo. Y eso también me emociona. Me coge el pijama y lo estira. O el sujetador y lo estira. O una cinta del batín y la estira. Como cuando hablábamos por teléfono y jugábamos con el cable distraídamente, enrollándolo en el dedo. El hace lo mismo cuando lo duermo mientras mama.

7. Cuando le beso la barriga o le muerdo en los sobacos o le muerdo por la espalda de costado y se ríe mucho de las cosquillas me muero de lo bonico que me resulta. No insisto demasiado en reproducir su risa porque las cosquillas son molestas. Pero me aseguro de arrancarle una o dos risas de esas al día.

8. Cuando le canto la canción de Estaba el cocodrilo y el orangután me mira y se ríe. Me mira muy fijamente. Se queda quieto mirándome. Y me encanta. No me da la más mínima vergüenza sostenerle la mirada a Bebé. (Habla una oftalmóloga que jamás mira a los ojos de la gente sino a sus bocas).
Con Bebé estoy haciendo cosas que nunca había hecho.

9. Cuando le muerde la nariz a Marido me parece superbonico. Y cuando le acaricia la cara antes de dormirse, como un ciego que palpa el entorno de alrededor. Me parece bonico de verdad.

10. Como es tan guapo es bonico hasta cuando llora. Como tiene los mofletes que tiene parece que se haya metido bolas de comida en los mismos como los hámster, y al llorar una esperaría que fueran a vaciarse sus carrillos. Y me sorprende que no sea así. Es mofletudo. Y punto.

11. Cuando se acaba de levantar con los mofletes colorados como manzanitas y lo llevo en bracitos a alguna habitación donde hay alguien más (los abuelos, los albañiles) se queda quieto, expectante, mirando muy serio a la persona que lo llama. Yo lo miro de perfil como buenamente puedo mientras lo sostengo (es más fácil mirarle la cara cuando lo dejo en algún sitio que cuando lo tengo en brazos) y me lo comería de lo bonico que es. Está despertándose todavía pero muy atento a quién hay a su alrededor.

12. Cuando alguien a quien no conoce lo coge en bracitos o le dice algo con un tono fuerte Bebé hace pucheritos. ¿Quién no se muere de amor con los pucheritos bonicos de su bebé?

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