Clases de preparación al parto y otras cositas.

Mañana haré la semana 32 de embarazo, y aunque para mí todavía queda mucho, la gente no hace más que soltarme un inquietante «no te queda nada». Ocho semanas siguen siendo muchas semanas, así que no voy a anticipar nada. No me apetece.

A mí me gusta estar embarazada. Me veo exultante. Y con más energía de lo habitual, aunque eso sigo achacándolo a la baja laboral.

No recuerdo en qué análisis (debió de haber sido en el del segundo trimestre, aunque no recuerdo que me sacaran sangre) ha salido la hemoglobina algo bajita, así como el hematocrito. Se trata de una anemia de dilución por la hipervolemia que se produce en las gestantes. Pero aún así hay que tratarla.

Eso explicaría el por qué me encuentro algo más cansada desde hace unos días, habiéndose visto truncada mi rutina habitual de madrugar e ir a la piscina a las 8 de la mañana y hacer unos largos. Después llegar a casa, ordenar y comprar, y estudiar un poquito el máster. O bien almorzar con mi hermana que trabaja en el centro, o con alguna amiga que se encuentra de excedencia por cuidado de hijos o en paro (Gemma, Berta la psiquiatra, Eulalia). Pero estos días nada de nada. Sofá y series. También libros, aunque cada vez me concentro menos.

Curva larga de glucosa

El día 8 de mayo, coincidiendo con el cumpleaños de Novio, tuvo lugar la revisión en tocología del segundo trimestre. El resultado fue alentador: líquido amniótico bien, y percentil del bebé en el 100%, tanto los diámetros biparietal y abdominal como la longitud del fémur. Menos mal que no anda desproporcionado en algún apéndice, del tipo bajito y cabezón que cantaba Mecano. (Lo de negro imagino que no, espero que la selección de la donante haya sido la adecuada).

Como yo no puedo atribuir nada del bebé a mis genes, me alegré por Novio y su sangre vasca, y él salió de la consulta más que contento. Mejor, lo notaba un poco decaído y como Novio tiene mutismo selectivo no sabía si era por su cumpleaños, o por qué.

El caso es que por encima del percentil 95 toca hacer el test de tolerancia oral a la glucosa o curva larga de glucosa, que no es lo mismo que el el test de O’Sullivan. El O’Sullivan en Valencia lo hacen en los dos primeros trimestres, y salió fenomenal.

La curva larga consiste en ir en ayunas (no así en el test anterior), se realiza una primera extracción de sangre antes de ingerir nada (no así en el test anterior) y posteriormente te ponen una vía en la vena. Se ha de ingerir 100 gramos de glucosa líquida en un período de 10 minutos y después realizan una segunda extracción a la hora, una tercera a las dos horas, y una cuarta a las tres horas.

Eramos unas cinco embarazadas. Por lo que escuché, todas tenían ya un primer hijo y una chica muy joven hasta un segundo e iba camino del tercero. Todas llevaban acompañante menos yo. Incluso la que iba a por su tercer hijo estaba acompañada por su marido, lo que me sorprendió: creía que la compañía era emocionante con los primeros hijos. Sentí un poco de lástima de mí misma: ¿alguien en mi entorno daba importancia a mi curva larga?
En mi caso Novio trabajaba. Y como desde bien jovencita he ido al médico sola (recuerdo esas horas eternas en la sala de espera de alergología con 12 años), pues no se me ocurrió pedírselo a mis padres. Pero no me importó. Tras pedir al acompañante de una de las chicas que me dejara la camilla en lugar del incómodo sillón, me pasé las horas durmiendo mientras ellas charlaban alegremente.

El resultado de la curva ha salido perfecto: OVObebé es grande, y punto (mi dieta tampoco ayuda).

Primera clase de preparación al parto

Las clases de preparación al parto empezaron hace dos jueves, pero a la primera no pude ir porque había quedado a desayunar con una amiga.

El jueves pasado sí fui, justo después de mi visita con la matrona, cuyo resumen fue: tensión arterial bien, peso bien, al bebé le late el corazón fenomenal y parece que ya está en posición cefálica. Entonces me salieron unas cuantas lagrimitas. La matrona me consoló. Me preguntó si Novio abusaba de mí. Creo que tienen activado el protocolo de maltrato hacia la mujer, porque es la segunda vez que me lo pregunta. O eso o Novio tiene pinta de tirillas.
«No» –le dije– «en todo caso soy yo la que abusa de él cuando le grito».

[Y es que últimamente debido a mi sentimiento de parásito de la sociedad por estar de baja y a la acusada soledad, hemos discutido mucho].

Mi primera clase de preparación al parto me gustó mucho. La primera hora fue de teoría. Ese día el tema fue «Mi Plan de Parto». Me parecieron muy sensatas las primeras palabras de mi matrona. Dijo que la Sociedad Europea de Ginecología y Obstetricia estaba planteándose cambiar esa rígida terminología por la de « Mis Preferencias en el Parto» debido a que no siempre se cumplen las expectativas que pueda tener una mamá con respecto al mismo, generando gran frustración, e incluso depresión.

En mi caso, y debido probablemente a trabajar en «el otro lado» y a haber planificado quirófanos de ojos que después han acabado siendo muy diferentes (siempre pueden surgir imprevistos o complicaciones), no tengo expectativas con respecto a mi parto.

Desearía, por supuesto un parto sin dolor y eutócico. También desearía que no me practicaran una episiotomía. Pero soy muy consciente de que las cosas pueden torcerse y no salir como yo quiero.

La segunda hora fue gimnasia para embarazadas.

Nos tumbamos en unas colchonetas enormes e hicimos varios ejercicios: primero flexión y extensión de tobillos; después extensión de ambas caderas:

A continuación elevación de la pelvis. Ahí creí que mi barriga se había desinflado, pues de repente la noté blanda, y me asusté. Y es que era una posición tal que así en la que había que contraer las abdominales:

Seguimos con sentadillas; después con la posición del gato para relajar la lordosis lumbar que produce la barrigota:

Y de aquí la matrona quiso que abriéramos las piernas y nos tumbáramos hacia adelante. Casi me parto en dos. ¡Qué dolor!

Me sorprendió comprobar cómo la mayoría de chicas eran capaces de permanecer sentadas con la espalda recta y las piernas cruzadas sin atisbo de incomodidad. Yo soy incapaz de mantener esa postura debido a que mi barriga empieza justo por debajo de mis tetas y me comprime el tórax y me tira hacia detrás. O eso o estoy en muy baja forma, pese a mis supercaminatas diarias y mis clases de natación.

¿Parto eutócico? ¡Con esta flexibilidad mía va a ser que no!

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