Delito de colecho

O delirio de colecho. Ambas son aceptables. La primera, porque me juré a mí misma que nunca practicaría el colecho, esa locura enfermiza de madres que no son capaces de separarse de sus retoños ni para dormir. Esa dependencia insana. Esa práctica a la que he sucumbido, o a la que Bebé ha conseguido de manera subrepticia que sucumbamos (de sobra es de todos conocido que los bebés de cinco meses manipulan a las madres con el bracito, la teta y el colecho).
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¿Duérmete niño?: La narcolepsia de mi hijo

Bebé duerme como un bendito. Eso es así. Podríamos ocultar que el óvulo ha sido donado… Pero no el esperma, ¡ah no! Porque en el dormir ha salido a Marido.

Bebé y Marido son de esas personas que siguen durmiendo a pesar de las horas que pasan, y una piensa que qué conciencia tan limpia tendrán. A veces creo que están despiertos y se hacen los remolones. Pero no.

Con las horas que duerme Bebé podría sacarme otra carrera. Y sin embargo no hago absolutamente nada de provecho.
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Cagar

Quería titular esta entrada con una variación de otra que escribí hace unas semanas, «La mujer que confundió una ventosidad con dolores de parto», de forma que quedara de este modo, «La mujer que confundió los dolores de parto con una ventosidad».

Y es que poco se ha hablado de lo que fluye por el interior de las embarazadas que no sea embrión o feto, es decir, de la mierda.

De ahí el título, así, sin eufemismos. Veréis por qué.
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