El Bientratrador. Parte III

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-Ayer por la tarde fui a que me hicieran acupuntura.
—¿Acupuntura?
—Sí. Le escribí a mi prima Marisol para contarle que a pesar de llevar meses intentándolo no logro quedarme embarazada. Pero no le dije nada de la antimülleriana porque no quiero que todo el mundo lo sepa. Total. Me dijo que a ella le pasaba lo mismo y que fue a que le hicieran acupuntura y se quedó embarazada de Erika. Y que luego cuando lo intentó por segunda vez, fue a que le hicieran acupuntura y se quedó embarazada de Joan. Total. Que el chino me ha hecho una anamnesis así por encima, preguntándome si mis reglas eran dolorosas, abundantes y si tenía coágulos.
—¿Coágulos?
—Sí. De sangre.
—¿Tú tienes coágulos?
—Sí.
—Qué asco.
El bientratador dejó los cubiertos sobre la mesa.
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El Bientratador. Parte II

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—La verdad es que estoy un poco enfadada con tu hermana.
—¿Con mi hermana? ¿Por?
—La he llamado esta tarde, llorando, para contarle lo de la antimülleriana y ella se ha mantenido fría y realista. Demasiado realista. Me ha dicho que efectivamente no es un buen dato, pero que seguro que se puede hacer algo. Ella no sabía al principio de qué hormona se trataba. Parece ser es muy novedosa. Es un valor bastante fiable acerca de la reserva ovárica. Yo tengo una baja reserva ovárica. Me siento como el libro ese de Dorian Gray. Cuando me miro en el espejo me veo envejecida y contrahecha. Bueno. Tu hermana me ha dicho que todavía es pronto para saber nada. Que tendrán que hacerme más pruebas. El recuento de óvulos y todo eso. Que a lo mejor me tienen que dar no sé qué pastilla para estimular mis ovarios. Claro que ella es anestesista y tampoco sabe demasiado sobre el tema. Le he dicho que tengo cita el día 16, cuando me baje la regla.
—Desde que te conozco has tenido cien enfermedades mortales y nunca te ha pasado nada.
—Sí, pero esto es diferente. Esta hormona es real. ¡Y pensar que me la detectaron hace seis meses y yo nunca le había hecho ni caso hasta que la ginecóloga me dijo que estaba bajita…! Malditas pruebas. Deberían estar prohibidas. Mi hermana Agustina tardó un año y medio en quedarse preñada. Igual tiene la antimülleriana por los suelos y no lo sabe. Es como cuando te hacen un estudio para saber si vas a padecer Alzheimer. ¿Qué se gana sabiéndolo? Nada. Más que sufrimiento innecesario. Aunque Lola la psiquiatra y tu hermana coinciden en que sí es necesario saberlo para que vayamos tomando cartas en el asunto. Yo creo que no es para tanto, solo llevamos ocho meses intentando lo del bebé.
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El Bientratador. Parte I

—Tengo la antimülleriana por los suelos.
—¿La qué?
—La antimülleriana. ¿No me has oído?
El bientratador continuó, imperturbable, leyendo Valencia Plaza en el iPad.
—La antimülleriana es una hormona que indica la edad de tus ovarios, en este caso de los míos. Parece ser que tengo las entrañas de una vieja de 45 años.
Jana permanecía de pie con las manos contraídas en sendos puños. Había adquirido la costumbre de esconder las uñas de ese modo hasta clavarlas en la carne. Y es que los hilitos de suciedad que quedaban atrapados en el pulpejo de los dedos le resultaban demasiado bochornosos como para que pudieran verlos los demás. Por su condición de oftalmóloga, no le estaba permitido pintarse las uñas ya que operaba una vez a la semana y el esmalte no era considerado apto para la esterilidad que se requería en un quirófano.
—Estéril. Que a lo mejor soy estéril. Si te quieres ir con otra lo entenderé.
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