Bye bye embarazo

Tenía que llegar este post. Voy a intentar mantener el tono refrescante habitual del blog aunque algunas de las cosas sí son más seriotas.


Cosas que echaré de menos del embarazo

1. La baja laboral
Como buena neurótica que soy, estoy llena de contradicciones. Me explico. Siempre que llegaba de mi trabajo exhausta a las tres y media de la tarde, en coche, con la caravana de rigor que a veces hacía que me retrasase una hora más, y con los problemas laborales a la espalda, despotricaba sobre mi trabajo que daba gusto. Y fantaseaba con la idea de dejármelo con el fin de que me contrataran en algún hospital de Valencia capital y al menos, ahorrarme las dos horas de ida y vuelta en coche.
El estrés no me lo puedo ahorrar: de los cuatro hospitales en los que he trabajado no recuerdo haber desterrado el estrés de mi día a día. Hay formas y formas de trabajar. Pero si eres perfeccionista, creo que el estrés es inherente.

Pese a ello, durante estos 9 meses de baja laboral he echado de menos trabajar, tratar con mis compañeros médicos, con las enfermeras y auxiliares, y hasta con el paciente, ese ser exigente que escudriña con la mirada todo lo que haces o dejas de hacer.
Pero basta que me incorpore en enero para volver a echar de menos el reposo, el dormir más (los días laborables me levanto a las seis de la mañana; durante mi embarazo también, pero últimamente duermo mejor) y el tener tantas horas muertas ante mí. Aunque estoy hablando de mi vida de «antes de bebé». En la vida «después de bebé» no sé si habrá reposo, dormir más y horas muertas ante mí.

2. La seguridad en mí misma
Como dije en otro post, el embarazo me ha otorgado superpoderes. Me siento más segura de mí misma en cuanto al aspecto físico. Siempre he tenido algo de complejo: no soy la más delgada, ni la que más se cuida, ni la más perfeccionista con el pelo, el maquillaje o la ropa. Y en mi trabajo había (hay) un compañero al que le encantaba recordármelo. «Deberías peinarte mejor, ir al gimnasio y ponerte en forma, o pintarte».
Pero durante todo el embarazo he estado más guapa que de costumbre, o así me lo han manifestado la mayoría de personas que conozco. Tal vez por no tener que esconder mi habitual barriguita y poder lucirla con orgullo, me he sentido más atractiva y temo ser como Sansón: que tras el parto vuelva a mi mediocre autoestima.

3. El estatus de embarazada
No me gusta hablar con los vecinos de mi edificio ni con la gente anónima del barrio. Pero me he sorprendido a mí misma gustándome hablar sobre mi embarazo con la gente que se para para comentar el tamaño de mi barriga en la farmacia, en las tiendas… La gente se gira para mirarte y, tras observar prudencialmente que el comentario que pueda emitir no va a ser ofensivo, exclama un «¿Cuánto te queda?», «¡Has de comer mucha sandía, a mí me lo recomendó mi ginecólogo», «¡Parece que vayas a tener una nena si tienes la barriga tan redondita. ¿Ah que es nene?» «¡Ay un nene! Yo quería un niño también, están tan unidos a sus mamás!», «Va a ser una experiencia maravillosa».
Me parece muy bonito que se fijen en mí y no en el bebé, que será el protagonista absoluto en los meses siguiente. Además, no es muy habitual ver embarazadas por la calle con los índices de natalidad tan bajos que tenemos en España.

4. Que la gente se preocupe por mí
Es bonito comprobar que no solo la familia, sino los amigos se preocupan y están pendientes de mi situación de embarazada. Y llaman para preguntar cómo estoy o escriben mensajes alentadores.

5. Sentir al bebé
A veces se me olvida que pronto pariré y el bebé ya no estará dentro de mí. Estoy tan acostumbrada a sentirlo y a convivir con la barriga que, cuando pienso que es una situación transitoria, me sorprendo a mí misma sorprendiéndome de ello. Es como si creyera que siempre voy a estar embarazada y ya me he habituado a ello. El bebé tiene mucha fuerza y deforma la superficie de mi barriga de una manera increíble. Y la barriga se pone dura como una piedra. Es algo muy placentero. Algo así como un masaje interior.

6. La tranquilidad
Nunca sabré si se debe al embarazo o al no estar trabajando, que nunca había sentido tanta paz interior. Para alguien nervioso como yo es algo nuevo y maravilloso. Y debido a la ralentización que me produce en estos momentos la barriga tan grande y la retención de líquidos de las dos piernas, lo que hace que ande muy despacio, estoy aprendiendo lo que es la filosofía slow life. Y no está nada mal.

7. El pelazo
¡Tengo un volumen de pelo que me encanta! Grueso, suave, y además las mechas rubias se me han aclarado por efecto del sol, lo que me hace rememorar mis años de rubia verdadera, cuando era más pequeña. Desde que me hice la taninoplastia y el encrespamiento ha desparecido, me gusta más aún. Pues bien, dicen que el pelazo desaparece en el postparto. ¿Por qué, oh crueldad del destino?

8. El no pelazo
Desde que estoy embarazada y pese a tener mucho pelo en la cabeza, tengo menos pelo en axilas, ingles, piernas y pezones. A mí, que no soy muy fan de la depilación, esta situación me viene que ni pintada. Podría mantenerse así eternamente.
*Nota: el otro día retiré con pinzas los cuatro pelos larguísimos que tenía en las areolas mamarias para que el bebé pueda mamar sin atragantarse. Y también he adecentado los bajos en la esteticien para que el pequeñín no se asfixie al nacer.

Cosas que no voy a echar de menos del embarazo.

1. Los síntomas del tercer trimestre
-El tamaño de la barriga. La barriga es tan grande que actualmente ya me llega a los muslos cuando me siento o me agacho, de forma que, desde hace una semana, no puedo conducir, y eso me resta mucha libertad. Levantarme de cualquier sitio cada vez es más costoso, especialmente de una superficie horizontal. Y sentarme en el despacho a escribir con el ordenador también es muy incómodo.

-Síndrome del túnel carpiano de ambas manos. Me duelen los dedos. Por las mañanas los tengo totalmente entumecidos y debo moverlos durante unos minutos para que reaccionen. Esto se debe a la retención de líquidos que tiene lugar a nivel de las dos muñecas, las cuales, curiosamente, no me duelen. El tener los dedos así morcillones hace que se me caigan las cosas de las manos a todas horas, lo que no me hace ninguna gracia porque agacharme es un suplicio y tengo que hacerlo de cuclillas modo sentadilla.

-Pinzamiento del nervio radial derecho. No sé si es debido a que he dormido del lado derecho casi todo el embarazo y la presión que en esa posición se produce en la parte superior del brazo, pero tengo los siguientes síntomas:

Entumecimiento, disminución de la sensibilidad, hormigueo y sensación de ardor de la mano derecha, del antebrazo (la parte “posterior” de la mano), del “lado del pulgar” del dorso de la mano y de los dedos más próximos al dedo pulgar (segundo y tercero).

-Edema de miembros inferiores. Esto cada vez va a más y es debido a la dificultad del retorno venoso producida por la compresión del útero sobre la vena cava. Pero actualmente solo puedo abrocharme unas sandalias y solamente de buena mañana, cuando los pies están menos hinchados. Si me mantengo de pie durante horas, o sentada en una terracita cenando, o trabajando con el ordenador, mis pies parece que estén a punto de explotar. Y también las piernas. Así que eso limita mucho mis actividades.

-Polaquiuria. El estar orinando a cada rato no es plato de buen gusto creo que para nadie.

2. La sensación de estar «esperando a Godot».
Como buena neurótica que soy, y al igual que antes he puesto que sí echaré de menos la baja laboral, en este otro apartado afirmo que no la echaré de menos. Nueve meses de baja siendo únicamente una mujer gestante han sido en ocasiones exasperantes. Tal vez si me embarazo de nuevo y tengo la suerte de poder trabajar, comparo ambas situaciones y decido cuál me gusta más.

Aunque ha habido ventajas al estar de baja que no puedo negar.
La baja me ha permitido centrarme por completo en el embarazo, situación que se da pocas veces en la vida. Y todo lo he plasmado en este blog.
Me ha permitido además preparar la llegada del bebé. Aunque en esto hemos sido prácticos y rápidos: una cómoda cambiador en la que he metido su ropa, que ya está lavada y planchada; la minicuna que ya está montada, el carrito de paseo y la sillita del coche. Y de momento nada más, por lo que mi síndrome del nido no ha sido demasiado prolongado.
Pero esta sensación de no saber cuándo va a nacer es a la vez gratificante y exasperante.

3. Dejar de pensar en el embarazo
Tengo ganas de centrarme en otra personita que no sea yo misma, y tengo ganas de dejar atrás el estatus de embarazada para volver a ser yo, y disfrutar de mi música, mis libros y mis películas.
Sé que anteriormente he escrito lo contrario, que sí echaré de menos el estatus de embarazada. Yo ya he advertido que soy contradictoria por naturaleza.

De lo que no soy consciente es de que cuando nazca el bebé probablemente tampoco disfrutaré de mi música, mis libros ni mis películas porque empezará la aventura de la maternidad. Pero eso ya serán otros post.

4. El mancharme a todas horas
Tengo seis camisetas que uso durante el embarazo, cuatro de premamá y dos de Carrefour de talla grande. Pues bien. Siempre siempre siempre que estreno camiseta limpia, me mancho comiendo. Y es que como la barriga está tan abultada no me puedo acercar demasiado a la mesa. Además su disposición horizontal hace que cualquier migaja aceitosa que caiga, en lugar de hacerlo a mis piernas, sea sobre la tripota de manera que ahí está, mancha al canto. Menos mal que dos de esas camisetas son negras y no se nota tanto.

5. Miedos inherentes al embarazo
No echaré de menos los miedos que relataré a continuación:
-Miedo a que el bebé tenga alguna enfermedad no detectada durante la gestación.
-Miedo por el bultito que me ha salido en la axila derecha y yo creía que era un pelo enquistado pero ahora no estoy segura.
-Miedo por el adormecimiento de mi mano derecha que, aunque el diagnóstico del pinzamiento del nervio radial cuadra con todos los síntomas (me lo he autodiagnosticado yo) a veces temo que pueda ser una enfermedad neurodegenerativa y no vaya a recuperar la sensibilidad de esa zona nunca más.
-Miedo a la crianza.
-Miedo a la lactancia materna por mi hipocondría subida que hace que tema mucho palparme las tetas por si encuentro algún bultito (esto está relacionado con el bultito de la axila derecha).

Pero si hay algo a lo que, por alguna extraña razón no tengo miedo, es al parto. Solo deseo, eso sí, que no me practiquen una cesárea y que los profesionales me hablen con voz dulce y aterciopelada, porque si lo hacen con la brusquedad a la que estoy habituada, me echaré a llorar desconsoladamente.
Si la cesárea estuviera indicada pues la aceptaré, claro. Al igual que una episiotomía.
El nuevo concepto de «violencia obstétrica» me parece muy fuerte. Yo más bien lo llamaría «expectativas de parto no cumplidas», pues dudo mucho que a los profesionales les guste mancillar los bajos de las parturientas sin venir a cuento.

Ah, y las visitas al hospital no me importan lo más mínimo. Al contrario.

Miércoles próximo cumplo 40 semanas. No sé si llegaré. Yo sospecho que sí. Hagan sus apuestas.

2 opiniones en “Bye bye embarazo”

  1. Seguirás guapísima tras parir, a mí eso me decían. Eso si, el pelazo se cae a puñados, por la bajada de estrógenos, creo.
    Y lo d la baja, con el segundo la querremos desde el primer día para dormir y tener algo de tiempo para nosotras mientras los hermanos mayores van a la guarde/cole…😉
    Tienes una tripa ideal 😍

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