Bye Bye, Baby

Mientras miro dormir a Bebé acaricio sus gruesos muslos enfundados en el «condón blanco» como lo llama Marido, o saco de dormir de ese color. En la etiqueta de detrás pone «75cm». Ya le empieza a estar pequeño. Y la cremallera, como todas las prendas de ropa de bebé con cremallera, le llega hasta el cuello y al verlo, me produce una falsa sensación de asfixia porque mi bebé tiene una preciosa papada que se superpone a cualquier prenda de vestir. Pero él no se queja. Así que no creo que se asfixie.

Al contrario: duerme plácidamente. Ha mamado de ambos pechos y luego se ha acurrucado en mi regazo hasta caer rendido.

Hoy hemos iniciado el «momento biberón». En la farmacia me aconsejaron comprar uno que tuviera la tetina de látex y eso hicimos. Me saqué la leche el día 16 de noviembre y la guardé en la nevera. 30ml. Pues bien. El bebé ha permitido que le introdujéramos la tetina en la boca, y hasta ha succionado. Pero después ha puesto cara de asco y un reguero de líquido ha caído por la comisura de sus labios.

Marido ha probado la leche para ver si estaba agria por la enzima lipasa (yo no me he atrevido a probarla, pues nunca me ha gustado la leche cruda) y no lo estaba. Le he dado el pecho y en un momento de descuido he vuelto a introducirle la tetina en la boca. Lo mismo: ha escupido la leche y después ha buscado, entre lloros, mi pezón como un desesperado.

Me siento orgullosa por haber intentado darle su primer biberón, pues llevo posponiendo este momento desde que me enteré de que volveré a trabajar en unos días.

Me he asesorado sobre cómo sacarme leche, los momentos en que es probable que salga más (de madrugada o tras mamar él); algunos trucos para obtener mayor producción (estimular cada pecho durante cinco minutos sin vaciarlos para que el cerebro siga produciendo leche);la manera de almacenarla (en nevera no más de 48 horas; en congelador entre 6 y 12 meses según el tipo de electrodoméstico); la manera de calentarla (poniendo agua a hervir e introduciendo el biberón en el cazo una vez hayamos apagado el fuego); si es posible mezclar la leche de diferentes extracciones o no (sí es posible si la leche es extraída dentro de las mismas 24 horas y está a la misma temperatura); qué hacer si la leche está agria por la ezima lipasa.

Y además ya he contactado con cuatro personas que podrían cuidar de Bebé y mañana empezaré las entrevistas.

También he hablado con amigas que estuvieron no hace mucho en mi misma situación y me han contado sus experiencias.

«No te asustes; es normal; todas hemos pasado por ahí».

Gracias. Me siento menos triste.

Y pienso en todo esto mientras él duerme, feliz, ajeno a la que se le viene encima: que mamá ya no estará siempre con él.

Bebé demanda más mis bracitos a medida que crece porque me conoce más. Sí tolera que le cojan extraños si yo estoy al acecho y, al verme, se tranquiliza. Pero al poco su lenguaje corporal habla por sí solo: gira su tronco hacia donde yo esté y la persona termina por pasármelo.

La habitación está en una dulce penumbra. Hay una pequeña lámpara encendida en el suelo que lo envuelve todo en una cálida luz. Tener a Bebé dormido encima de mí me tranquiliza mucho. Veo su perfil tan perfecto de nariz diminuta y moflete gigante y frente abultada.

Parece que intuyera que me voy a marchar. Esta tarde, en que ha dormido la siesta en mis bracitos y ha mamado a demanda durante horas como si fuera un recién nacido, me ha parecido que hiciera una regresión. Masajeaba mis pechos con la manita que le quedaba libre, se acurrucaba en mi regazo escondiendo su nariz en mi ropa como para impregnarse de mi olor, estiraba de mi camisa como si tirara de mí y la ponía sobre su cara. Y luego me ha tocado la cara, en ese descubrimiento constante de sus manos que últimamente me tiene embelesada.
Pero lo hacía de una forma desesperada, como diciendo «mami no te vayas».

Me entristece la confianza ciega que ha depositado en mí. Porque ahora voy a fallarle.

Pero me apetece trabajar.

Me consuela pensar que se adaptará pronto porque es pequeño.

Es demasiado pequeño.

Adiós, bebé.

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