Misterios anatómicos I: mi barriga y yo

Yo siempre he sido tripuda. Desde bien pequeñita, aun teniendo los brazos y piernas como alambres, el abdomen aparecía abombado en las fotos por una postura incorrecta de «espalda hacia detrás» muy típica de las embarazadas.

Todas mis hermanas tenemos tripa. Nos viene de familia.

Como siempre he dicho, a partir de los 30 años mi metabolismo se ralentizó y los kilos que ganaba en verano no desaparecían con la actividad diaria del otoño. Y así, se iban acumulando año tras año. En 2013 alcancé mi grado de gordura máximo, y tengo fotos que lo atestiguan. Recuerdo haber ido a Suiza a visitar a mi amiga Raquel y su padre, un malagueño muy simpático, haber exclamado: «¡Pero si te has puesto gorda!».
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